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Home Comunidad Valenciana Poblaciones de Valencia

El «limbo» de los 30 millones: 18 meses de silencio sobre las donaciones ciudadanas por la DANA

No hay constancia de en qué se ha gastado ese dinero recaudado para los afectados valencianos

Vicente Bellvis por Vicente Bellvis
abril 14, 2026
en Poblaciones de Valencia, Comunidad Valenciana
0
El "limbo" de los 30 millones: 18 meses de silencio sobre las donaciones ciudadanas por la DANA

El "limbo" de los 30 millones: 18 meses de silencio sobre las donaciones ciudadanas por la DANA

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VALENCIA – Ha pasado un año y medio desde que la riada más letal del siglo XXI arrasara el corazón de la provincia de Valencia. Sin embargo, mientras el barro ha dado paso a una lenta y dolorosa reconstrucción, una cifra sigue generando un incómodo eco en los despachos de la Moncloa: 30.059.766,60 euros. Es el montante exacto que miles de ciudadanos, empresas y organizaciones ingresaron en la cuenta oficial del Tesoro Público habilitada por el Gobierno de Pedro Sánchez, y cuyo rastro operativo se ha perdido en el laberinto de la burocracia estatal.

A día de hoy, 18 meses después de la tragedia, el paradero y uso final de estos fondos privados destinados a la «ayuda directa» de los damnificados sigue siendo una incógnita. El Ministerio de Economía, a través del Portal de Transparencia, ha reconocido recientemente que, si bien el dinero fue ingresado en la cuenta operativa del Estado, la Administración no dispone de un desglose detallado sobre su ejecución o sobre la identidad de los mayores donantes.

Una cuenta «segura» sin destino claro

En noviembre de 2024, apenas días después del desastre, el Ejecutivo aprobó el Real Decreto-ley 7/2024, que incluía la creación de una cuenta en el Banco de España para centralizar las donaciones. El mensaje oficial fue rotundo: se buscaba un sistema «rápido, sencillo y seguro» para que la solidaridad española llegara a Valencia.

La respuesta fue masiva. Según los últimos datos recabados, la mayor parte de esos 30 millones —más de un 99%— provino de organizaciones y fundaciones, mientras que los particulares aportaron algo más de 31.000 euros. No obstante, lo que nació como un gesto de confianza civil se ha transformado en un conflicto de opacidad. El Tesoro Público se limita a certificar la entrada del dinero, pero asegura que el control de su gasto no recae bajo su supervisión directa, remitiendo a una «gestión global» de las ayudas.

El contraste con la inversión pública

El malestar entre las asociaciones de víctimas no ha tardado en estallar. Aunque el Gobierno defiende que ha movilizado más de 4.300 millones de euros en ayudas directas, ERTE y consorcios de seguros, la distinción entre los presupuestos del Estado y las donaciones finalistas de los ciudadanos sigue siendo borrosa.

«No se trata de cuánto dinero ha puesto el Estado, sino de dónde está el dinero que nosotros, de nuestro bolsillo, dimos específicamente para ayudar a nuestros vecinos», denuncia un portavoz de la plataforma de afectados de Paiporta.

Desde el Ministerio de Hacienda se argumenta que estos fondos se integran en el flujo de caja destinado a sufragar los gastos extraordinarios de la DANA. Pero para los expertos en transparencia, esta «dilución» del dinero donado en el presupuesto general es una irregularidad ética. Al ser donaciones finalistas, la ley exige que se acredite su destino específico, algo que 18 meses después sigue sin figurar en ninguna memoria oficial.

Hacienda asegura que ese dinero va en el cómputo de ayudas estatales, en las que también meten las compensaciones del Consorcio Estatal de Seguros, que cada uno sufragamos cada vez que contratamos una póliza de seguros

Entre la burocracia y la indignación

Mientras el Ministerio de Agricultura presume de haber ejecutado 277 millones en obras de reconstrucción agraria y el de Vivienda gestiona los alquileres de emergencia, los 30 millones de la «cuenta de la solidaridad» parecen haber caído en una suerte de olvido administrativo.

La falta de un registro pormenorizado no solo impide saber qué se ha comprado o rehabilitado con ese dinero, sino que también dificulta que las empresas y particulares puedan aplicar las deducciones fiscales prometidas, ya que muchos aún no han recibido el certificado de donación correspondiente.

A medida que el foco mediático se aleja de las zonas cero de la catástrofe, la sombra de la duda crece sobre el Gobierno de Sánchez. En Valencia, donde la reconstrucción aún es una herida abierta, la pregunta sigue sin respuesta: ¿En qué calle, en qué casa o en qué colegio de los que quedaron bajo el lodo están invertidos los 30 millones que los españoles entregaron con la fe de que llegarían a su destino?. Por ahora, solo hay silencio administrativo.

¿Dónde están esos 30 millones?. Juzguen ustedes mismos…

Etiquetas: donaciones DANAPedro SánchezPilar Bernabé
Vicente Bellvis

Vicente Bellvis

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Des de Dénia per Pedro Fuentes Caballero, Acadèmic de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana corresponent en Dénia. La RACV respon a la nova presidenta de l’AVL i reobri el debat sobre qué model de llengua valenciana volem preservar Les declaracions realisades per Maria Àngels Francés, nova presidenta de l’Acadèmia Valenciana de la Llengua, han tornat a posar damunt de la taula una qüestió que en Valéncia mai ha deixat d’estar completament tancada: qué s’entén per llengua valenciana, quin model llingüístic es vol transmetre i fins a quin punt la denominada «unitat de la llengua» condiciona la seua codificació. La Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV) ha reaccionat públicament davant de les paraules de Francés, pronunciades durant la seua presa de possessió, en les quals definí el valencià com una llengua «unitària i diversa, pròpia i compartida». La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». Segons la seua argumentació, plantejar-ho aixina ya condiciona la resposta, perque convertix el català normatiu en el marc de referència i deixa al valencià reduït a una colecció de particularitats internes. La RACV defén una atra perspectiva: existix una tradició valenciana susceptible de ser codificada des de criteris valencians, de la mateixa manera que existix una codificació catalana desenrollada a partir de la seua pròpia tradició normativa. Ahí està el verdader fondo de la controvèrsia. No es discutix únicament si diem este o aquest, si preferim determinades formes verbals o si un diccionari accepta una paraula concreta. Lo que es discutix és quin model ocupa el centre i quin queda relegat a la perifèria. I eixa diferència és fonamental. EL VALENCIÀ NO POT REDUIR-SE A UNA SUMA DE «PARTICULARITATS» Quan una determinada concepció normativa presenta les formes genuïnament valencianes com a «variants», «particularitats» o formes territorials dins d’un conjunt superior, és comprensible que una part del valencianisme cultural es pregunte qué queda, finalment, de l’autonomia del model valencià. Perque una llengua no és únicament el nom que apareix en la portada d’un diccionari. Una llengua és també la manera de pronunciar, les paraules heretades, les construccions populars, les formes verbals, la tradició escrita, la lliteratura i la memòria colectiva dels seus parlants. Si totes eixes característiques són sistemàticament valorades en funció de la seua proximitat o distància respecte d’un atre estàndart, el debat deixa de ser purament ortogràfic. Passa a ser un debat sobre dependència normativa. La RACV denuncia precisament això: que baix l’expressió «llengua unitària» es pretén presentar com a valencià un estàndart que, segons la seua interpretació, respon essencialment a la codificació catalana, encara que incorpore concessions o variants valencianes. LA LLENGUA REAL DEL CARRER TAMBÉ DEU CONTAR Hi ha, ademés, una qüestió que les institucions llingüístiques no deurien ignorar: la distància entre la llengua normativa i la llengua espontànea de molts valencians. Qualsevol persona que recórrega les comarques valencianes trobarà formes, expressions, pronunciacions i construccions que formen part de la transmissió familiar de generacions. No tot lo popular és necessàriament normatiu, evidentment. Una codificació necessita criteris, coherència i estabilitat. Pero tampoc seria raonable construir un estàndart que fera sentir al parlant que la seua manera tradicional d’expressar-se és permanentment secundària, inadequada o necessitada de correcció. Una normativa deu servir a la llengua; la llengua no pot convertir-se simplement en servidora de la normativa. I este és segurament un dels punts a on el debat deixa els despaig acadèmics i entra directament en la societat. ¿Per qué alguns valencians senten que el model que estudiaren en casa i el que troben en determinats àmbits oficials s’allunten? ¿Per qué determinades formes valencianes necessiten permanentment justificar la seua existència? ¿Per qué la convergència en el català estàndart és considerada normalisació, mentres que la recuperació de formes valencianes és presentada en ocasions com a secessionisme? Són preguntes llegítimes. I descalificar-les no les farà desaparéixer. UNA COSA ÉS LA FILOLOGIA I UNA ATRA, LA POLÍTICA LLINGÜÍSTICA També convé introduir una precisió imprescindible si volem que l’artícul tinga rigor. La classificació acadèmica majoritària contemporànea considera el valencià i el català varietats d’un mateix sistema llingüístic. Negar que esta és actualment la posició predominant en la romanística seria presentar de manera incompleta el debat. Pero reconéixer este fet tampoc resol totes les qüestions. La filologia pot estudiar parentesc, evolucions històriques, inteligibilitat, dialectologia i característiques estructurals. Una classificació llingüística no determina per sí mateixa totes les decisions sobre denominació, codificació, identitat cultural o política normativa. I molt manco obliga als valencians a considerar irrellevant el nom històric de la seua llengua. L’Estatut d’Autonomia parla expressament de idioma valencià i establix que «la llengua pròpia de la Comunitat Valenciana és el valencià». Per tant, la denominació valenciana no és un caprig, una invenció contemporànea ni una concessió sentimental: és la denominació oficial de la llengua pròpia dels valencians. A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

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La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». Segons la seua argumentació, plantejar-ho aixina ya condiciona la resposta, perque convertix el català normatiu en el marc de referència i deixa al valencià reduït a una colecció de particularitats internes. La RACV defén una atra perspectiva: existix una tradició valenciana susceptible de ser codificada des de criteris valencians, de la mateixa manera que existix una codificació catalana desenrollada a partir de la seua pròpia tradició normativa. Ahí està el verdader fondo de la controvèrsia. No es discutix únicament si diem este o aquest, si preferim determinades formes verbals o si un diccionari accepta una paraula concreta. Lo que es discutix és quin model ocupa el centre i quin queda relegat a la perifèria. I eixa diferència és fonamental. 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Una normativa deu servir a la llengua; la llengua no pot convertir-se simplement en servidora de la normativa. I este és segurament un dels punts a on el debat deixa els despaig acadèmics i entra directament en la societat. ¿Per qué alguns valencians senten que el model que estudiaren en casa i el que troben en determinats àmbits oficials s’allunten? ¿Per qué determinades formes valencianes necessiten permanentment justificar la seua existència? ¿Per qué la convergència en el català estàndart és considerada normalisació, mentres que la recuperació de formes valencianes és presentada en ocasions com a secessionisme? Són preguntes llegítimes. I descalificar-les no les farà desaparéixer. UNA COSA ÉS LA FILOLOGIA I UNA ATRA, LA POLÍTICA LLINGÜÍSTICA També convé introduir una precisió imprescindible si volem que l’artícul tinga rigor. La classificació acadèmica majoritària contemporànea considera el valencià i el català varietats d’un mateix sistema llingüístic. 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A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

«Unitària» ¿vol dir catalana?

septiembre 6, 2026
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