VALENCIA
Activistas de las organizaciones locales Valencia Pidgeon Save y Valencia Animal Save han documentado y denunciado públicamente la muerte masiva de palomas en el emblemático Tinglado 2 del puerto de Valencia. Según han informado los colectivos, una serie de redes dispuestas bajo la cubierta durante las recientes obras de restauración se han transformado en una trampa insalvable para las aves urbanas, provocando una alarmante situación de desprotección animal e insalubridad en un espacio de alto uso ciudadano.
El Tinglado 2 de Valencia, un edificio diáfano de inconfundible estilo modernista y declarado Bien de Relevancia Local (BRL), ha pasado de ser un referente de ocio y esparcimiento vecinal a un escenario de «dejadez y crueldad», según denuncian los colectivos ecologistas. La instalación, frecuentada diariamente por familias y aficionados al patinaje debido a las óptimas condiciones de su suelo original, se encuentra actualmente bajo la gestión directa del Ayuntamiento de Valencia, tras la disolución del antiguo Consorcio Valencia 2007.
En el marco de los proyectos de rehabilitación patrimonial del recinto, se procedió a la instalación de mallas protectoras bajo el techado con un propósito preventivo claro: evitar el acceso y la posterior nidificación de las comunidades de palomas, cuyos excrementos suelen acelerar el deterioro de las estructuras arquitectónicas. Sin embargo, el resultado práctico ha sido el opuesto al planificado.
«Mirar hacia arriba en un lugar familiar y lúdico se ha traducido en un espectáculo dantesco de animales agonizando y en descomposición».
Las organizaciones denuncian que las deficiencias en la colocación de los materiales, sumadas a una ausencia total de labores de mantenimiento, permiten que las aves accedan al interior del entramado por diversas aberturas periféricas. Una vez dentro, la geometría de la red impide que puedan hallar la salida, atrapando de forma severa y letal a los ejemplares, afectando con especial virulencia a los individuos jóvenes sin experiencia de vuelo.
Los portavoces de las entidades denunciantes aseguran haber trasladado múltiples quejas formales y reseñas tanto a la Policía Local como al propio consistorio municipal sin haber obtenido respuesta operativa hasta la fecha. Ante lo que califican como una «pasividad e ineficacia institucional de carácter inaceptable», miembros de ambas agrupaciones se personaron en el lugar para registrar la situación mediante material audiovisual y entablar diálogo con los usuarios habituales de la zona.
El inventario de hallazgos documentados en el edificio protegido incluye restos de cadáveres enganchados a las redes en avanzados procesos de descomposición, aves aleteando en situación de agonía prolongada e incluso una jaula trampa abandonada con animales encerrados en su interior, lo que genera en determinados sectores del Tinglado un fuerte hedor que compromete el uso público del espacio.
Expertos de los colectivos recuerdan que las palomas se ven atraídas de manera instintiva por las cornisas y techumbres elevadas debido a que su memoria genética las empuja a buscar entornos similares a los acantilados, su hábitat original. Por ello, exigen el retorno inmediato a políticas de gestión ética de fauna urbana. Valencia llegó a postularse como pionera mediante el uso de palomares ecológicos y piensos anticonceptivos de carácter transitorio, un método que permitía el control poblacional digno y progresivo, pero que fue suspendido de forma imprevista por la administración local. Las entidades han anunciado nuevas movilizaciones y acciones legales permanentes hasta que se corrija la infraestructura.
Los tinglados portuarios son históricamente naves destinadas al almacenamiento de mercancías comerciales. Hoy en día, el Tinglado 2 representa uno de los escasos núcleos de interacción social libre y cultura urbana en la zona marítima de Valencia, lo que agrava la polémica en torno a su estado higiénico-sanitario.
















