Durante años permaneció en un discreto segundo plano, eclipsada por otros grandes espacios dedicados al arte contemporáneo. Sin embargo, el Museo de Bellas Artes de Valencia ha decidido reivindicar una parte de su patrimonio que muchos desconocían y hacerlo con una incorporación que refuerza de forma notable su colección del siglo XX.
El museo ha recibido siete nuevas obras donadas por artistas y coleccionistas que enriquecen un fondo cada vez más amplio y diverso. Entre los nombres destacan figuras imprescindibles como Carmen Calvo, Horacio Silva, Manuela Ballester, Antonio Ballester Vilaseca y Guillermo Pérez Villalta, cuyas piezas abarcan más de siete décadas de creación artística.
Un gesto de generosidad para preservar el patrimonio
Las nuevas incorporaciones llegan gracias a donaciones realizadas por los propios artistas, familiares y coleccionistas particulares, un gesto que el director del museo, Pablo González Tornel, ha calificado como una muestra de confianza hacia la institución.
Las obras recorren un amplio periodo histórico, desde 1937 hasta 2010, permitiendo ampliar el relato artístico que el museo quiere ofrecer sobre la creación española más reciente.
Entre las adquisiciones sobresalen dos piezas de Carmen Calvo, Premio Nacional de Artes Plásticas, representativas de su lenguaje artístico basado en el collage, la fotografía y los materiales cotidianos.
También se incorpora la obra Las cuatro estaciones, de Horacio Silva, mientras que Guillermo Pérez Villalta ha donado dos pinturas que reflejan diferentes etapas de una de las figuras más relevantes del arte español contemporáneo.
El regreso de una obra histórica
Uno de los ingresos más destacados corresponde al relieve Los vencedores de Brihuega, realizado en 1937 por Antonio Ballester Vilaseca para el histórico Pabellón Español de la Exposición Internacional de París, la misma cita donde Pablo Picasso presentó el Guernica.
La donación incluye además el archivo documental y fotográfico personal del escultor, una aportación de enorme valor para investigadores y especialistas.
A ello se suma El guerrillero muerto, una estampa de Manuela Ballester realizada durante su exilio en Berlín, donde la artista plasmó el recuerdo de la Guerra Civil y el drama del exilio republicano.
Un museo que quiere cambiar el relato del siglo XX
Más allá de las nuevas piezas, el Museo de Bellas Artes trabaja ya en un proyecto de mayor alcance: crear un espacio específico dedicado al arte contemporáneo que permita explicar este periodo con un discurso propio.
La intención es diferenciar claramente la colección histórica —centrada en el gótico, el Renacimiento, el Barroco y Goya— de las obras de los siglos XIX y XX, que requieren nuevas formas de interpretación alejadas del relato cronológico tradicional.
El objetivo es construir un recorrido donde conceptos como la memoria, el feminismo, la identidad o los movimientos sociales tengan protagonismo y permitan contextualizar mejor la creación artística contemporánea.
Un patrimonio que sigue creciendo
Con estas incorporaciones, el Museo de Bellas Artes de Valencia no solo amplía su colección, sino que refuerza su papel como uno de los grandes guardianes del patrimonio artístico valenciano y español.
Las nuevas donaciones permiten recuperar autores, conservar obras de enorme relevancia histórica y abrir la puerta a un nuevo relato museístico que aspira a dar al arte contemporáneo el espacio que durante años permaneció en un discreto segundo plano.
















