TOLEDO. – Las réplicas del terremoto electoral vivido ayer en Andalucía han tardado menos de veinticuatro horas en sacudir los cimientos de la política nacional. El día después de que el PSOE andaluz firmara el peor resultado de su historia democrática, logrando apenas 28 escaños, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha comparecido ante los medios para lanzar una de las advertencias más severas, nítidas y descarnadas que se recuerdan hacia la dirección federal de Ferraz y, de manera directa, hacia el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Frente al tono de contención y el indisimulado conformismo exhibido por la ministra, vicepresidenta y vicesecretaria general del partido, María Jesús Montero, y por el aparato central de la formación, Page ha decidido ejercer de altavoz del malestar latente en los territorios. El barón castellanomanchego ha instado a la cúpula socialista a «abrir los ojos» ante lo que considera un castigo sistemático de las urnas derivado de la estrategia de pactos de la Moncloa.
«Un precio insufrible»
Con un semblante serio y midiendo cada una de sus palabras, García-Page no ha eludido el fondo ideológico que, a su juicio, está desangrando electoralmente al socialismo español. El presidente autonómico ha situado el origen de la actual crisis del partido en el pecado original de la presente legislatura nacional.
«Tengo una opinión personal que no tiene por qué compartir nadie, pero que quiero reiterar: desde que en el año 2023 se formó gobierno al precio de pactar con la extrema derecha independentista y con aquellos que realmente chocaban con el principio de igualdad, los ciudadanos están hablando elección tras elección», ha arrancado con contundencia.
Para Page, la línea roja que jamás debió cruzarse es la quiebra de la equidad entre españoles, un valor que ha definido como el corazón del proyecto socialdemócrata. «El principio de igualdad es el cimiento del auténtico muro de sustentación de la izquierda», ha recordado, subrayando que las cesiones parlamentarias ante las formaciones soberanistas catalanas y vascas constituyen un «precio insufrible» que las federaciones territoriales están pagando muy caro en las urnas.
El peligro de mirar hacia otro lado
El mandatario autonómico ha alertado contra la tentación de la dirección federal de relativizar la debacle andaluza o achacarla exclusivamente a dinámicas locales. A su entender, el electorado está utilizando cada cita con las urnas para plebiscitar y censurar la gestión de los pactos de Madrid.
«Los ciudadanos están mandando un mensaje muy claro, muy nítido», ha insistido Page. «Pero es evidente que, ese mensaje, cuando el destinatario al que va dirigido no lo quiere entender o mira para otro lado, los ciudadanos vuelven a dar el mismo mensaje, y cada vez más alto. Esa es la realidad que está demostrando la España de hoy».
El diagnóstico del presidente castellano-manchego apunta a una desconexión peligrosa entre la estrategia de supervivencia parlamentaria en el Congreso de los Diputados y el sentir mayoritario de las bases y los votantes socialistas en el resto del mapa nacional, atrapados en una sangría de votos que parece no encontrar freno.
Exigencia de empatía y dolor con los territorios
La crítica de García-Page ha alcanzado su punto más álgido al cuestionar la empatía real de la ejecutiva de Pedro Sánchez con los líderes regionales y municipales que dan la cara en el territorio y sufren el desgaste de las siglas. Aunque ha concedido el beneficio de la duda, sus palabras han destilado un profundo escepticismo sobre la capacidad de reacción de la planta noble de Ferraz.
«No dudo de que en Madrid les duelan los resultados en los ayuntamientos y en los territorios, pero no tengo claro que lo estén dejando ver, no tengo claro que lo demuestren«, ha deslizado con ironía. Para concluir su intervención, ha lanzado una última y emotiva exigencia a la dirección de su partido: «Me gustaría realmente sentir que hay dolor por el resultado en los territorios».
Con este pronunciamiento, Page vuelve a liderar la corriente crítica interna, abriendo en canal un debate de consecuencias imprevisibles sobre el rumbo del PSOE. Un debate que Ferraz pretendía amortiguar, pero que la crudeza de los 28 escaños andaluces ha vuelto a hacer estallar de manera inevitable.
La estrategia de Sánchez: resistir a costa del PSOE
Parece que la estrategia de Moncloa es resistir allí a costa de lo que sea, a pesar del hundimiento del propio partido socialista, una deriva que no pocos socialistas vienen denunciando tiempo, y que les ha costado calificativos de fachas incluso al propio Felipe González, ahora las palabras de Page resuenan con fuerza en una organización completamente desnortada y se convierte en el alma de los verdaderos socialistas acongojados por la total indiferencia de Pedro Sánchez.
















