El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha acudido hoy al acto de recuerdo por las víctimas del trágico accidente de Adamuz en la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA). Sin embargo, la jornada no ha estado exenta de críticas debido a una gestión del protocolo que muchos califican de excluyente y puramente política.
Un protocolo sin los verdaderos protagonistas
A pesar de la solemnidad que requiere un homenaje de esta naturaleza, el malestar es palpable entre los colectivos afectados. Los puntos más críticos de esta ausencia de convocatoria son:
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Asociación de Víctimas ignorada: La principal asociación que agrupa a los damnificados por el accidente ha denunciado públicamente que no han sido convocados. No hubo invitación formal ni espacio reservado para quienes mantienen viva la memoria de la tragedia día a día.
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Familiares sin voz: El testimonio de los familiares, eje central de cualquier acto de reparación, ha quedado fuera de la agenda. Muchos de ellos han tenido conocimiento del acto a través de los medios de comunicación, lo que califican como una «falta de sensibilidad extrema».
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Ausencia de autoridades locales y regionales: El vacío no solo es civil, sino también institucional. Se ha reportado que muchas autoridades pertinentes —tanto del ámbito local como de otras administraciones implicadas— no fueron incluidas en el listado de asistentes, reduciendo el evento a una comparecencia de perfil muy cerrado.
«No se puede recordar a las víctimas sin contar con ellas. Un homenaje donde no están los familiares es un acto vacío de contenido humano», han señalado fuentes cercanas a los afectados.
Un acto bajo la sombra de la crítica
La decisión de mantener un formato tan restringido ha levantado sospechas sobre si el objetivo del acto era realmente el consuelo y el recuerdo, o si se trataba de un evento de agenda diseñado para evitar el contacto directo con las reclamaciones y el dolor de los ciudadanos.
















