Lo que comenzó como la misteriosa desaparición de una pequeña obra de Joaquín Sorolla ha terminado con un desenlace tan insólito como inesperado. El cuadro, extraviado el pasado fin de semana en el centro de Sevilla, ha sido localizado en Murcia después de que un turista de 57 años lo recogiera de la calle convencido de que se trataba de un objeto sin valor.
El hombre asegura que nunca imaginó que aquella pintura fuera una obra original del artista valenciano. «Vi el marco y me gustó. Ni siquiera me fijé en la pintura», explicó tras conocerse el hallazgo.
Todo ocurrió durante un descuido
La familia propietaria había dejado el cuadro unos instantes junto a la acera mientras cargaba el maletero del coche antes de iniciar un viaje. Cuando regresó a recogerlo, la obra ya había desaparecido.
La denuncia ante la Policía Nacional y la difusión de carteles por la zona, incluso ofreciendo una recompensa, iniciaron una búsqueda que mantuvo en vilo a los propietarios durante varios días.
Del centro de Sevilla a Murcia dentro de una bolsa
El turista trasladó la pintura hasta el hotel donde se alojaba y, al regresar a Murcia, la llevó a su domicilio dentro de una bolsa comprada en un bazar.
Fue entonces cuando decidió averiguar qué tenía entre manos. Utilizó una herramienta de inteligencia artificial para identificar la obra y descubrió que podía tratarse de un auténtico Sorolla.
La llamada que resolvió el misterio
Al comprobar que la pintura estaba siendo buscada, el hombre contactó con la Policía Nacional para informar de que conservaba el cuadro en su vivienda.
Según su relato, también pudo hablar con el propietario, quien le confirmó que todo había sido consecuencia de un descuido y le agradeció haber facilitado la recuperación de la obra.
Una pieza con gran valor sentimental
Más allá de su posible valor económico, la pintura posee un enorme significado para la familia.
Según diversas fuentes del sector artístico, podría tratarse de una de las conocidas «notas de color» realizadas por Joaquín Sorolla y alcanzar en una subasta un precio de entre 30.000 y 60.000 euros.
Sin embargo, lo más importante para sus propietarios es que el cuadro está dedicado por el propio pintor a la familia, un detalle que convierte la obra en una pieza de incalculable valor sentimental.
















