El Ayuntamiento lanza la campaña «No alimentes el problema» para frenar una población descontrolada que satura los barrios y amenaza el patrimonio histórico.

VALÈNCIA. — Las plazas y calles de València se enfrentan a un desafío que va más allá de la simple anécdota urbana: la superpoblación de palomas. Ante un censo que no ha dejado de crecer en los últimos años, el Ayuntamiento de València ha activado un contundente plan de choque integral con el objetivo de contener una plaga que ya afecta a la convivencia, la limpieza y la salud pública de la capital del Turia.
La pieza central de esta estrategia combina la intervención técnica con la concienciación vecinal bajo un lema directo: «No alimentes el problema». Desde las instituciones se recuerda de forma tajante que lo que muchos ciudadanos consideran un «acto de amor» o una rutina inofensiva —lanzar migas de pan o restos de comida en la vía pública— está detrás del repunte descontrolado de estas aves.
Las consecuencias para quienes ignoren esta llamada ya están fijadas por la nueva ordenanza de limpieza de la ciudad: las sanciones por dar de comer a las palomas en la calle se consideran prácticas insalubres y conllevan multas económicas que van desde los 750 hasta los 3.000 euros.
Radiografía de un problema de peso
La preocupación municipal está respaldada por los datos de los últimos recuentos. Factores como la existencia de edificios abandonados, la abundancia de alimento fácil proporcionado por los transeúntes y la insuficiencia de las medidas adoptadas en legislaturas anteriores que se limitaban casi exclusivamente al uso de pienso anticonceptivo sin acciones complementarias han disparado las alarmas en distritos especialmente saturados como la Saïdia, Extramurs, l’Olivereta, Camins al Grau y Quatre Carreres.
Además del evidente impacto estético y los problemas de suciedad causados por las deyecciones, las autoridades alertan de que los restos de comida abandonados en el suelo actúan como un potente imán para otras plagas urbanas de difícil erradicación, como los roedores, las hormigas y las cucarachas. A esto se suma el grave deterioro del patrimonio histórico y los monumentos de la ciudad, cuyos materiales sufren una degradación acelerada debido a los componentes corrosivos del guano.
Capturas controladas y medidas disuasorias
Para atajar el problema desde todos los frentes, el Consistorio valenciano cuenta con un presupuesto específico para el servicio de control de aves. Las medidas del plan integral contemplan un abanico de acciones técnicas:
- Pienso esterilizante: Se mantendrá y redistribuirá el uso de comederos con este producto, eliminando aquellos puntos que tras las auditorías técnicas hayan demostrado ser ineficaces.
- Métodos disuasorios: Se implementarán sistemas sonoros y mecánicos en zonas críticas para evitar el anidamiento y la concentración masiva.
- Capturas y reubicación: Se realizarán capturas selectivas y controladas. Las palomas que se retiren de las calles serán trasladadas a palomares ecológicos, garantizando que el sacrificio sea una medida estrictamente excepcional, reservada únicamente para ejemplares cuyo estado veterinario lo exija por razones de salud pública.
- Protección del patrimonio: Los técnicos municipales de las áreas de Sanidad y Patrimonio trabajarán de forma coordinada para blindar fachadas históricas mediante redes y sistemas de protección invisibles.
Con este paquete de medidas, València busca equilibrar la biodiversidad urbana y devolver la habitabilidad a sus espacios públicos. Sin embargo, la efectividad real de este plan de choque dependerá en gran medida del civismo: las autoridades insisten en que, sin la colaboración ciudadana para cortar el grifo del alimento diario, las medidas técnicas difícilmente lograrán vaciar el cielo de la ciudad.
















