VALÉNCIA | 26 de febrero de 2026
Valencia se ha despertado hoy bajo un estruendo de cláxones y una parálisis circulatoria que ya empieza a ser dolorosamente familiar para sus vecinos. Por segundo día consecutivo, las arterias principales de la capital del Turia han quedado anegadas por una marea de vehículos, aunque esta vez los protagonistas han sido los conductores de VTC (Vehículos de Transporte con Conductor). En una respuesta directa a la movilización del taxi de ayer, el sector ha tomado las calles para denunciar lo que consideran un «ataque frontal» a su supervivencia económica.
El epicentro del caos: Plaza de España y Gran Vía
La jornada ha sido crítica. Si ayer cerca de un millar de taxis lograba bloquear la Pista de Silla con colas de hasta diez kilómetros, hoy las VTC han optado por la estrategia de la «marcha ultra lenta» en el corazón urbano. El resultado ha sido un mega atasco que ha convertido el entorno de la Plaza de España y las Grandes Vías en una ratonera de metal.
Conductores particulares, repartidores y servicios de emergencia se han visto atrapados en un nudo de tráfico que la Policía Local no ha sido capaz de desenredar durante horas. «Llevo más de sesenta minutos parado sin avanzar ni diez metros; es desesperante que la ciudad se detenga cada día por una guerra en la que los ciudadanos solo somos el escudo«, comentaba a este diario uno de los afectados en la zona de Ramón y Cajal.
5.000 empleos en el aire
El detonante de esta nueva oleada de indignación es el borrador normativo que prepara la Generalitat Valenciana. El texto plantea restricciones severas que, en la práctica, impedirían a las VTC operar en los núcleos urbanos de las grandes ciudades, que constituyen su principal nicho de mercado.
Desde el sector, la advertencia es clara: la aprobación de esta medida supondría una herida de muerte para la industria en la Comunidad Valenciana. Aseguran que cerca de 5.000 puestos de trabajo directos están en riesgo inminente. Para los trabajadores de las plataformas de transporte, lo que el taxi califica de «competencia desleal» es, para ellos, un derecho al trabajo y una libertad de elección para el consumidor que el gobierno autonómico pretende cercenar.
Un conflicto heredado y enquistado
La crisis del transporte en Valencia no es nueva, pero sí parece haber entrado en su fase más virulenta. Ni el anterior Ejecutivo ni el actual equipo de la Generalitat han logrado diseñar un marco regulatorio que satisfaga a ambas partes. El taxi exige medidas contundentes y el cumplimiento de ratios de licencias, mientras que las VTC reclaman una modernización de la ley que no las expulse del ecosistema urbano.
La falta de un punto de encuentro ha trasladado el debate de los despachos a la calle, convirtiendo el derecho a la movilidad en una moneda de cambio. Mientras el brazo de hierro entre patronales continúa, la ciudad sufre las consecuencias de una gestión política que no ha sabido —o no ha podido— desbloquear una situación que afecta ya no solo a conductores, sino a la economía general de la ciudad.
El hartazgo ciudadano
Más allá de las cifras de trabajadores o de las normativas legales, el sentimiento predominante en las calles de Valencia es el hartazgo. Las protestas se están volviendo «habituales» y la capacidad de reacción de las autoridades locales parece verse superada día tras día. Con la circunvalación congestionada y el centro impracticable, la pregunta que se hacen hoy los valencianos es quién será el siguiente en bloquear la ciudad mañana.
Por ahora, el asfalto sigue siendo el campo de batalla de una guerra que parece lejos de firmar la paz.
Valencia se ahoga en una marea blanca: El taxi paraliza la capital contra el «intrusismo»


















