VALENCIA. – El corazón de Valencia se prepara para latir con una intensidad especial. El próximo miércoles 20 de mayo, la Basílica de la Virgen de los Desamparados se convertirá en el epicentro de la devoción mariana con la celebración del tradicional besamanos público a la «Peregrina». Este acto, consolidado como uno de los momentos más emotivos y multitudinarios de las festividades en honor a la Patrona, espera congregar nuevamente a una marea de devotos que buscan, en el contacto directo con la imagen, un consuelo, una acción de gracias o una petición personal.
Una logística volcada con el devoto
Para facilitar la fluidez de un evento que suele generar colas kilométricas desde la madrugada, la Basílica ha anunciado una apertura anticipada. A las 6:30 horas, las Puertas de Bronce se abrirán de par en par para dar comienzo a una jornada maratoniana que no concluirá hasta que el último fiel de la fila haya cumplido con su propósito.
José Luis Albiach, presidente de la Hermandad de Seguidores de la Virgen, ha subrayado la magnitud del encuentro recordando que el pasado año la cifra de participantes superó las 30.000 personas. «Es un despliegue humano y espiritual inmenso», afirma Albiach. Para gestionar este volumen de visitas, la Hermandad trabajará codo con codo con la Corte de Honor y los Eixidors del Trasllat, quienes se encargarán de organizar los accesos y garantizar que el flujo de personas sea constante pero respetuoso.
El ritual: cara a cara con la Patrona
Durante todo el miércoles, la configuración litúrgica del templo cambiará por completo. La imagen original, la que preside el altar mayor, quedará girada hacia su camarín. En su lugar, la Imagen Peregrina —la que recorre los barrios y pueblos de la Comunitat— será situada en el presbiterio, a la altura de los fieles. Este gesto simbólico de «bajar» a la Virgen permite que el encuentro sea físico y directo.
En el exterior, la Plaza de la Virgen presentará su aspecto de las grandes ocasiones. Se instalarán vallados en forma de zig-zag para ordenar la espera, un sistema que ya ha demostrado su eficacia en años anteriores. Pensando en la inclusión, la organización ha habilitado un acceso especial para personas con movilidad reducida, usuarios de sillas de ruedas y familias con niños pequeños, quienes podrán entrar con un único acompañante para evitar aglomeraciones innecesarias en el pasillo principal.
Seguridad y colaboración institucional
Un evento de estas características requiere de una coordinación precisa con las autoridades civiles. El Ayuntamiento de Valencia, a través de la Concejalía de Fiestas y Tradiciones, ha dispuesto un dispositivo especial que incluye la presencia de la Policía Local para regular el tráfico y la seguridad en los alrededores de la plaza. Asimismo, la Cruz Roja mantendrá un servicio de ambulancia y puestos de atención sanitaria preventiva para asistir a cualquier persona que pueda sufrir algún percance debido al cansancio o a las temperaturas.
La fe traducida en caridad: el destino de los donativos
Más allá del gesto ritual, el Besamanos tiene una vertiente profundamente solidaria. La Basílica ha recordado que todos los donativos recogidos durante la jornada se canalizarán íntegramente hacia la Obra Social. Este año, el foco de la ayuda se divide en tres pilares fundamentales de la acción social valenciana:
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Fundación MAIDES: Centrada en la inserción social de personas con enfermedades mentales graves que se encuentran en riesgo de exclusión social.
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Villa Teresita: Un proyecto dedicado al acompañamiento de mujeres marginadas, con especial énfasis en aquellas que son víctimas de trata o situaciones de abuso.
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Asociación Provida Valencia: Que ofrece asistencia directa a madres gestantes o con niños pequeños que carecen de recursos básicos.
«El beso a la Virgen no es solo un acto de piedad, es un compromiso con los más desfavorecidos, con aquellos que, como dice el nombre de nuestra patrona, están desamparados», señalan desde el Arzobispado.
Con la previsión de igualar o superar el récord de asistencia del año pasado, Valencia se dispone a vivir una jornada de silencio, oración y solidaridad, donde el murmullo de los rosarios y el roce de los labios sobre la madera de la «Peregrina» volverán a escribir una página dorada en la historia devocional de la ciudad.
El año pasado casi 29.000 personas pasaron ante la imagen de la Mare de Deu dels Desamparats en la Basílica del Cap i Casal, que cerró las puertas de madrugada.


















