VALENCIA – Hay un aroma particular que, cada año por estas fechas, se adueña del tramo central de la Gran Vía Marqués del Turia. Es una mezcla de papel envejecido, cuero curtido y esa curiosidad renovada que solo el coleccionismo es capaz de despertar. La 49ª Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Valencia ha abierto sus puertas, consolidándose como la antesala cultural indispensable para los días de marzo en la capital del Turia.
Desde hoy y hasta el próximo 22 de marzo, decenas de librerías especializadas procedentes de toda la geografía española han desplegado sus anaqueles para ofrecer lo que los libreros llaman «el libro que no te busca, sino que dejas que te encuentre». En un mundo dominado por la inmediatez digital y el algoritmo de recomendación, la feria propone el ejercicio físico de espigar: deslizar el dedo por los lomos, rescatar ejemplares de las cajas de saldo y dialogar con expertos que conocen la historia de cada mancha de tinta.
Más que libros: un museo a pie de calle
Aunque el nombre de la feria otorga el protagonismo al libro, el evento es en realidad un gabinete de curiosidades. Los visitantes no solo acuden en busca de clásicos de la literatura; las casetas albergan verdaderas piezas de arqueología gráfica.
Entre las joyas de esta edición destacan los álbumes de cromos completos —especialmente aquellos de fútbol y series de animación de los años 70 y 80— que despiertan la nostalgia de los adultos y el asombro de los más jóvenes. Asimismo, las postales antiguas ofrecen un viaje visual por una Valencia ya desaparecida: desde el antiguo cauce del río con agua hasta las fachadas modernistas que el tiempo ha transformado.
Para los amantes del diseño, la sección de cartelería y revistas es una parada obligatoria. Se pueden encontrar desde programas de mano de cines que ya cerraron sus puertas hasta carteles taurinos y de Fallas que son, en sí mismos, obras de arte dignas de enmarcar.
El equilibrio entre el coleccionismo y la «ocasión»
El éxito de esta feria reside en su carácter democrático. Según explican los libreros participantes, el público es heterogéneo. Por un lado, el bibliófilo erudito busca la «pieza única»: una primera edición numerada, un ejemplar con encuadernación artesanal o un grabado del siglo XVIII cuyo valor puede alcanzar las tres o cuatro cifras.
Por otro lado, el lector de a pie encuentra en la sección de «ocasión» una oportunidad inmejorable para ampliar su biblioteca personal. Con precios que parten desde los 2 y 5 euros, es posible hacerse con best-sellers descatalogados, ediciones de bolsillo de clásicos universales o libros infantiles que han resistido el paso de varias generaciones.
Una cita con la historia local
La feria también actúa como un termómetro de la identidad valenciana. Muchos de los expositores traen consigo fondos especializados en temática local: mapas históricos del Reino de Valencia, ensayos sobre la huerta y cancioneros populares. Es, en esencia, una oportunidad para que las instituciones y los particulares recuperen retazos de la historia compartida que no se encuentran en las grandes superficies.
El evento permanecerá abierto en horario ininterrumpido (habitualmente de 10:30 a 14:00 y de 17:00 a 21:00 horas) hasta el domingo 22 de marzo. Se recomienda a los asistentes acudir con tiempo, calzado cómodo y, sobre todo, la mente abierta; porque en la Gran Vía, el mayor tesoro suele estar escondido en el estante más bajo, esperando a ser descubierto por segunda vez.


















