Por: Redacción Cultural Valencia, 15 de enero de 2026
Cada mes de marzo, Valencia se somete a un ritual que desafía la lógica del tiempo: construye museos en las esquinas para, pocos días después, entregarlos a las llamas. Este ciclo eterno de creación y destrucción es el eje central de Las Fallas de Valencia, el nuevo libro de Baltasar Bueno Tárrega. En esta obra, el autor no se limita a describir la fiesta; la disecciona con el pulso de un cirujano y la mirada de un cronista que ha dedicado su vida a entender la identidad valenciana.
Un cronista de lo sagrado y lo profano
Baltasar Bueno no es un autor cualquiera. Su perfil es una combinación inusual de disciplinas: periodista, doctor en Sagrada Teología y académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Esta amalgama de conocimientos le permite abordar las Fallas desde una perspectiva única. Si en sus obras anteriores exploró la devoción a la Virgen de los Desamparados o el misticismo del Corpus Christi, en este volumen se adentra en el corazón de la fiesta más luminosa —y ruidosa— del Mediterráneo.
El libro propone un viaje apasionante que comienza en el origen de las hogueras. Bueno rescata la historia de aquellos carpinteros que, al finalizar el invierno, quemaban los trastos viejos y el soporte de sus candiles (el parot). Lo que empezó como una limpieza de taller evolucionó, bajo la lente del autor, en un fenómeno artístico y social sin parangón.
Entre la sátira y la belleza: El arte de los ‘ninots’
Uno de los puntos fuertes de la obra es el análisis del ninot. El autor explica con maestría cómo estas figuras pasaron de ser monigotes rudimentarios a convertirse en obras de arte de una factura técnica impecable. Sin embargo, Bueno advierte que la estética no lo es todo: el alma de la falla es la sátira.
«La falla es un periódico de tres dimensiones», parece sugerir el texto.
A través de sus páginas, el lector descubre por qué la crítica social y política es el motor que mantiene viva la llama. El autor destaca cómo la mordacidad valenciana utiliza el cartón para decir lo que a veces no se puede decir con palabras, convirtiendo la calle en un espacio de libertad absoluta donde el humor es el único juez.
La pólvora como lenguaje
No se puede entender Valencia en marzo sin el olfato. El libro dedica capítulos esenciales a la atmósfera sensorial de la ciudad: el olor a pólvora, el estruendo de la mascletà y el color de la seda de los trajes regionales. Para Bueno, la pólvora no es ruido, sino un lenguaje. Es la comunicación de un pueblo con su cielo.
El rigor histórico de la obra se ve enriquecido por la capacidad del autor para transmitir el «asombro». A pesar de su formación académica, Bueno escribe «con el pulso del enamorado». Logra que el lector sienta el calor de la cremà y la emoción contenida de la Ofrenda, ese momento donde el patrimonio espiritual que el autor conoce tan bien se funde con la fiesta popular.
Un legado de identidad
La publicación de este libro llega en un momento de madurez creativa para el autor. Tras el éxito de sus monográficos sobre la Virgen de los Desamparados (2024) y la Semana Santa de Valencia (2025), Las Fallas de Valencia cierra una suerte de trilogía sobre el alma valenciana.
Baltasar Bueno, defensor incansable del patrimonio cultural, utiliza este libro para recordar que las Fallas son «arte efímero y memoria viva». En un mundo cada vez más digital y desapegado de sus raíces, el autor reivindica la importancia de la presencialidad, del abrazo en la verbena y del esfuerzo colectivo de las comisiones falleras, que trabajan todo un año para un final de cenizas.
El veredicto del cronista
En definitiva, la obra de Baltasar Bueno Tárrega es una lectura obligatoria tanto para el forastero que pisa Valencia por primera vez como para el fallero que cree haberlo visto todo. Es un libro que educa sin ser denso y que emociona sin caer en el tópico vacío.
Como bien señala el autor, Valencia vuelve a nacer cada marzo. Y gracias a esta crónica, ese renacimiento queda ahora documentado para la posteridad, asegurando que, aunque el fuego consuma el cartón, la historia y la esencia de la fiesta permanezcan intactas en el papel.
















