VALENCIA En el marco incomparable del patio exterior de la iglesia de San Juan del Hospital, el aroma a azahar y el eco de la historia se han entrelazado este viernes para dar la bienvenida al Libro Oficial de las Fiestas en honor a San Vicente Ferrer 2026. El evento, que ha congregado a lo más granado del mundo vicentino, no ha sido una simple presentación editorial; ha sido la reafirmación de un compromiso colectivo por salvaguardar una de las señas de identidad más profundas de la ciudad de Valencia.
La publicación de este año no es un volumen cualquiera. Actúa como el acta notarial de un sentimiento que late durante todo el año en los altares y asociaciones. A través de sus páginas, el lector puede recorrer no solo la programación de las próximas festividades, sino también el arduo trabajo de investigación y preservación que realizan los miembros de la fiesta.
Diez años de protección para los «Milacres»
Uno de los hitos que marca la edición de 2026 es la conmemoración del décimo aniversario de la declaración de los «Milacres de San Vicente» como Bien de Interés Cultural (BIC) Inmaterial. Esta distinción, que cumple una década protegiendo estas representaciones teatrales infantiles únicas en el mundo, ha sido el eje vertebrador de muchas de las intervenciones del acto.
El libro recoge esta efeméride subrayando la vigencia de unas piezas que, interpretadas por niños, forman parte del ADN cultural valenciano. Además, el volumen enriquece su valor documental con el análisis de expertos como Pilar Valor, Lirios Domenech y el reverendo José Canet, quienes aportan luz sobre aspectos históricos y devocionales, incluyendo referencias al V Centenario del nacimiento de San Luis Bertrán.
El protagonismo del «chiquet» y el relevo juvenil
Si algo ha definido la presentación de este año ha sido la mirada puesta en el futuro. El acto ha roto con la rigidez protocolaria de antaño para ceder el micrófono a la juventud. Marta Loro González, vinculada desde su infancia al Altar del Carmen, y Alexandre Cabrero Martínez, con una brillante trayectoria musical y ligado al Altar de Russafa como chiquet de Milacre desde 2019, han sido los encargados de conducir la gala.
Este gesto simbólico responde a la reciente creación de la sección de jóvenes en la Junta Central Vicentina, una apuesta estructural para que las nuevas generaciones dejen de ser meros espectadores. El papel del chiquet es fundamental: ellos son los encargados de dar vida a los milagros en los escenarios de los altares, y su transición hacia roles de mayor responsabilidad es lo que garantiza que la llama de San Vicente no se apague.
Durante la presentación, se ha puesto de relieve que la implicación real de estos jóvenes justifica la necesidad de ofrecerles espacios propios de decisión y creatividad. La figura del chiquet, que antaño solo recitaba versos, se transforma hoy en un embajador activo de la cultura local.
Un archivo para la posteridad
Más allá de lo emocional, el Libro Oficial de 2026 cumple con una función técnica de conservación. Al contar con número de depósito legal y estar integrado en la Biblioteca Nacional, la obra asegura que el esfuerzo de este año sea consultable por las generaciones venideras. La incorporación de los volúmenes de los últimos treinta años a los archivos nacionales consolida una serie histórica que permite estudiar la evolución de la fiesta desde una perspectiva sociológica y cultural.
El libro se presenta así como una herramienta de difusión y proyección que trasciende las fronteras de la ciudad, permitiendo que cualquier investigador o curioso pueda comprender la magnitud de una tradición que se vive en las calles, pero que se sustenta en el estudio y el respeto a las fuentes originales.
Conclusión: Una fiesta viva
El acto en San Juan del Hospital ha concluido con una reflexión compartida por los asistentes: las fiestas en honor al patrón de la Comunidad Valenciana solo tienen sentido si se mantienen vibrantes y se transmiten en el tiempo. La presentación de este libro no solo anuncia el inicio de los días grandes de abril, sino que certifica que el relevo generacional está asegurado.
Con el chiquet como protagonista y la historia como guía, Valencia se prepara para una edición de las fiestas vicentinas que promete ser, una vez más, el reflejo de un pueblo que honra sus raíces mientras camina decidido hacia el futuro. El Libro Oficial ya está en la calle; ahora, solo falta que la pólvora y la representación de los milagros completen el ciclo de la tradición.
NOTA para el lector: De nuevo ni la Junta Central Vicentina ni la Concejalía invitaron a este medio de comunicación (ni a ninguno) a la presentación, de nuevo invisibilizando la fiesta. Sólo constaba en la ampliación de agenda remitida por el Ajuntament, con lo que la presencia de medios fue ninguna.
















