Sijena y el expolio de su patrimonio: la verdad revelada tras la conferencia de la Dra. María Gómez Rodrigo
Ayer, lunes 20 de abril de 2026, el Salón de los Escudos del Centro Aragonés, situado en la calle Juan de Austria de Valencia, fue el escenario de un encuentro fundamental para la historia del arte.
La Dra. María Gómez Rodrigo impartió la esperada conferencia titulada «Sijena y el espolio de su patrimonio: Una historia que exige ser contada». Durante su intervención, la experta desgranó con minuciosidad documental uno de los litigios de patrimonio cultural más largos que ha vivido España. El conflicto, centrado en el Real Monasterio de Santa María de Sijena, en Huesca (Aragón) , expone el expolio sistemático de cientos de bienes artísticos de Sijena y de otros lugares ocurrido durante la Guerra Civil española.

El falso mito del incendio salvador
Uno de los ejes centrales de la conferencia fue la contundente desmitificación del incendio que, según algunas versiones, habría obligado a arrancar las pinturas para salvarlas. La Dra. Gómez Rodrigo afirmó categóricamente que el espacio fundamental del monasterio, que abarca la iglesia y el aula capitular, no se quemó. Existió un fuego selectivo que arrasó y destrozó la parte del ala norte, donde se encontraban las aulas de las monjas. Sin embargo, la zona neurálgica que albergaba las obras de arte y las pinturas fue dejada intacta de manera deliberada. El argumento de que las piezas se quemaron y, por ende, se las llevaron para protegerlas, es falso. Inicialmente, las pinturas se encontraban en perfecto estado.
La realidad estructural del edificio tiene un origen muy distinto. Josep Gudiol ejecutó un plan para camuflar el expolio. Tras apoderarse de los bienes de la sala del tesoro, procedió a derribar intencionadamente el archivo documental, que estaba situado encima del aula capitular. Gudiol empleó a varios operarios de Barcelona, quienes trabajaron del 1 al 8 de octubre, percibiendo un sueldo que ha quedado registrado. El objetivo era simular que el techo se había derrumbado por efecto del fuego y justificar la ruina. Así, se encubrió un derribo manual y premeditado.
La anatomía del expolio: del artesonado a los frescos
El proceso se desarrolló en tres fases. El primer objetivo fue el extraordinario artesonado del aula capitular. Este conjunto mudéjar estaba compuesto por doce taujeles de una geometría y colorido distintos, con oro, configurando una obra única en el mundo por su inmensa belleza y complejidad. Gudiol desmontó el artesonado, lo sustrajo y las piezas desaparecieron sin dejar rastro ni mediar palabra. En la actualida el paradero de los doce taujeles es un gran misterio, y seguramente se encuentren en colecciones particulares. Los expertos esperan encontrarlos tarde o temprano.

El segundo paso consistió en el ya mencionado derribo del archivo. Finalmente, el tercer paso fue arrancar las pinturas románicas del aula capitular. Durante esta extracción no se aplicó protección. Los frescos fueron enrollados hacia adentro y apilados en un camión. A causa del peso, las pinturas llegaron a Barcelona destrozadas, convertidas en polvo, tal y como dictaminaron los técnicos barceloneses de la época.
Años más tarde, en 1960, el director de los museos de Barcelona, Ainaud de Lasarte, terminó de arrancar las pinturas que habían quedado expuestas a la intemperie (granizo, nieve y agua) tras el paso de Gudiol.
El daño irreversible de la «restauración»
La apariencia oscura y amarronada que presentan hoy las pinturas no es fruto del humo de ningún incendio. La conferencia reveló que este oscurecimiento es producto de una intervención técnica. Para recomponer el polvo, Gudiol procedió a pegar las pinturas utilizando tres productos: cera de abejas introducida con plancha de calor, goma laca con alcohol y cola de conejo. Estos elementos orgánicos penetraron en los frescos y, con el tiempo, sufren una severa oxidación al reaccionar con el oxígeno y la luz.
Actualmente, las obras se hallan principalmente en museos catalanes y han sido restauradas de esa manera. Mientras desde Barcelona se insiste en que las piezas están en perfecto estado y que no se pueden tocar sin destruirlas, los técnicos de Aragón dictaminan que las pinturas han sufrido mucho y están muertas bajo esa capa. Es estrictamente necesario restaurarlas. Si se logran quitar las capas oxidadas, debajo podríamos encontrar la pintura original con su color genuino. Es un proceso muy difícil que quizás, en el futuro, se podrá realizar. Actualmente, con las técnicas disponibles, no se puede llevar a cabo.
Ventas ilegales y la resistencia de las monjas
El monasterio, propiedad de la Orden de Malta (Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén) , adquirió estatus de protección al ser declarado Monumento Nacional en 1923. Esta catalogación implicaba que la totalidad de los bienes no se podían vender.
A pesar de las condiciones de ruina en 1936, las monjas se negaron a salir del monasterio. Sin embargo, en 1960, el arzobispo emitió una orden que las obligó a trasladarse al monasterio de Valldoreix, en Barcelona.
Se ha difundido el argumento falso de que las monjas vendieron las obras. La transacción se produjo una vez que la priora de Sijena ya había muerto. Fue Pilar Sanjoaquín, la priora de Valldoreix, quien vendió las piezas a la Generalitat en tres lotes durante 1983, 1992 y 1994. La Generalitat incurrió en impagos, lo que provocó el enfado de la priora catalana y quedó documentado en una carta de 1992 dirigida a Jordi Pujol, quejándose de no haber cobrado. Paralelamente, bienes esparcidos fueron comprados a Gudiol por coleccionistas, incluso americanos como George Cook.
El triunfo judicial y el inminente regreso
El panorama judicial ha marcado un punto de inflexión. El 17 de mayo de 2025, el Tribunal Supremo dictó sentencia firme a favor de Aragón.
Este proceso legal no ha estado exento de agobios. La ofensiva judicial llevó a cinco exconsellers imputados, entre ellos Santi Vila, a interponer una querella criminal contra la jueza instructora. Sin embargo, la magistrada no se ha intimidado y ha dictaminado que las pinturas deben ser devueltas en cincuenta y seis semanas.
Esta guerra frontal, que aún continuará, cuenta con el aval de la justicia. El patrimonio tiene que regresar a su lugar de origen: el Monasterio de Sijena. Con la victoria de Aragón , las pinturas expoliadas volverán después de 91 años. Pronto se podrá disfrutar de la integridad de esta joya del arte románico. Como sentenció la ponente, es una historia y una lucha constante por recuperar lo de Aragón que exigía ser contada.















