El Ejecutivo de la Generalitat Valenciana denuncia una «absoluta falta de lealtad institucional» tras enterarse por la prensa de la llegada de la aeronave a Manises. El incidente replica el escenario de tensión vivido en Canarias 24 horas antes, evidenciando una fractura total en los protocolos de comunicación entre el Estado y las CCAA.
VALENCIA – La palabra «cogobernanza», el mantra que el Gobierno central ha repetido incansablemente desde la pandemia de 2020, ha saltado por los aires este jueves en la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Manises. La llegada de una aeronave medicalizada vinculada al brote internacional de hantavirus ha desatado una tormenta política entre la Generalitat Valenciana y la Delegación del Gobierno, poniendo el foco en una gestión informativa que las autoridades autonómicas tildan de «negligente» y «unilateral».
El suceso, que tuvo lugar durante la mañana de ayer, sigue un guion de opacidad que ha dejado a los servicios de emergencia valencianos en una posición de vulnerabilidad. Según han confirmado fuentes directas del Consell, el teléfono de Emergencias 112 de la Generalitat no recibió alerta alguna de los cauces oficiales del Estado. En su lugar, el centro de coordinación supo que un avión con riesgo biológico sobrevolaba la región a través de los medios de comunicación, que a su vez habían sido alertados por una filtración anónima minutos antes de que el tren de aterrizaje tocara el asfalto valenciano.
Una llamada a hechos consumados
La cronología de los hechos retrata un vacío de comunicación de horas. El avión, que participaba en el operativo de traslado de pacientes afectados por el brote detectado en el crucero MV Hondius, aterrizó en Valencia para una «parada técnica de repostaje» tras haber sido rechazado en aeropuertos de Marruecos.
No fue hasta que el aparato ya se encontraba en suelo valenciano cuando la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, contactó con la administración autonómica. Sin embargo, lejos de asumir un error de coordinación, la Delegación del Gobierno ha tratado de desviar el foco hacia la «tardanza» de la Generalitat en devolver la llamada. Bernabé afeó públicamente al presidente de la Generalitat, Juan Francisco Pérez Llorca (y a su gabinete), no haber sido «diligentes» al contestar, mientras que desde el Palau de la Generalitat la respuesta ha sido tajante: «No se puede informar de una emergencia de salud pública cuando el riesgo ya está en casa; eso no es informar, es notificar un hecho consumado».
El conseller de Sanidad, Marciano Gómez, fue el encargado de verbalizar el malestar técnico: «Nosotros estamos por la labor de colaborar, pero para coordinar hay que saber. No sabíamos que el avión iba a parar aquí. Nos enteramos por la prensa». Para Gómez, el hecho de que se trate de una competencia de Sanidad Exterior —dependiente del Ministerio de Sanidad— no exime al Gobierno central de su obligación de avisar a los servicios de salud locales, responsables finales de cualquier contingencia que pudiera ocurrir durante la escala.
El espejo canario: Un patrón de opacidad
Lo ocurrido en Valencia no es un incidente aislado, sino la repetición de un esquema que ya provocó el incendio político en el archipiélago canario apenas un día antes. Allí, el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, y el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, denunciaron exactamente la misma situación: aviones medicalizados aterrizando en sus aeropuertos sin preaviso a las autoridades locales, quienes debían gestionar la seguridad perimetral y el posible apoyo médico.
En ambos casos, el Ministerio de Sanidad y el de Transportes han intentado minimizar los riesgos, asegurando que el protocolo de «burbuja» impide cualquier contacto de la tripulación o los pacientes con el personal de tierra. Sin embargo, para los expertos en gestión de crisis, el problema no es solo biológico, sino de confianza institucional. «Si el Gobierno central oculta información sobre un posible patógeno de alta letalidad como el hantavirus a las regiones, está rompiendo el sistema nacional de alerta temprana», señalan fuentes de Protección Civil.
Incertidumbre sobre el destino y el protocolo
La falta de transparencia ha alimentado también la confusión sobre la propia trayectoria de la aeronave. Mientras fuentes del Ministerio señalaban inicialmente que el vuelo continuaría hacia Róterdam (Países Bajos) para repatriar a los afectados, otras informaciones situaban el destino en Oslo o incluso Estambul. Esta disparidad de versiones refuerza la tesis de la Generalitat sobre la improvisación que reina en el operativo.
A última hora de la tarde, la tensión no había remitido. Desde el Partido Popular de la Comunidad Valenciana se ha exigido la comparecencia urgente de los responsables de Sanidad Exterior para explicar por qué se puenteó al 112 y se confió la comunicación de una crisis sanitaria a una llamada telefónica informal realizada a posteriori.
¿Qué es el hantavirus y por qué el miedo?
El recelo de las autonomías no es infundado. El hantavirus, transmitido principalmente por roedores, puede causar cuadros de insuficiencia respiratoria y fiebre hemorrágica con una tasa de mortalidad que, según la cepa, puede oscilar entre el 10% y el 40%. En una situación donde el crucero MV Hondius sigue navegando con decenas de contactos estrechos a bordo, la coordinación quirúrgica entre administraciones se antojaba vital.
La jornada de ayer en Manises cierra con un saldo de desconfianza profunda. El avión volvió a despegar, pero dejó tras de sí una crisis política que pone en entredicho el modelo de gestión de crisis del Ejecutivo central. La pregunta que queda en el aire entre los responsables sanitarios valencianos es inquietante:
«¿Qué más cosas están ocurriendo en nuestros aeropuertos de las que solo nos enteraremos si alguien hace una llamada anónima a un periódico?».
















