Hay pueblos que avanzan porque sus responsables políticos son capaces de decir la verdad, negociar con transparencia y poner el interés general por encima de cualquier otra consideración. Y hay otros que viven instalados en el relato. Desgraciadamente, Carcaixent hace demasiado tiempo que forma parte de este segundo grupo.
Lo que ha pasado con los presupuestos de 2026 no es ninguna sorpresa. Ya lo vivimos en 2024. Primero se construye un discurso de urgencia: que los presupuestos son imprescindibles, que sin ellos el pueblo queda paralizado y que la oposición debe ser responsable. Durante semanas se hacen declaraciones en los medios apelando al consenso, pero al mismo tiempo se cierran las puertas a una negociación real con una parte de la oposición.
Finalmente llega el pleno, los presupuestos son rechazados y, solo unas horas después, Compromís anuncia que continúa dispuesto a negociar con el gobierno del Partido Popular. Exactamente el mismo guion que ya vimos en 2024.
Cada uno puede extraer sus conclusiones, pero cuesta no pensar que todo forma parte de una estrategia perfectamente planificada: escenificar un desacuerdo para mantener un relato ante sus votantes y, después, dejar la puerta abierta a un acuerdo.
Lo más sorprendente es que el propio comunicado de Compromís reconoce que los acuerdos que permitieron aprobar los presupuestos de 2024 no se han cumplido. Señalan incumplimientos importantes y, a pesar de ello, vuelven a mostrar su disposición a continuar negociando. Una contradicción que explica mejor que cualquier discurso la realidad política que vive Carcaixent.
Mientras tanto, el pueblo continúa estancado.
Esta legislatura se está limitando, en gran parte, a finalizar proyectos que ya venían impulsados por gobiernos anteriores. No estamos viendo un proyecto nuevo de ciudad, ni una planificación de futuro, ni grandes iniciativas capaces de transformar Carcaixent.
Y cuando el gobierno ha impulsado proyectos propios, el resultado tampoco ha sido bueno. El caso más evidente es la Cadenera, presentada como una gran apuesta de futuro y convertida en un proyecto lleno de problemas, deficiencias y dudas sobre si era realmente la prioridad que necesitaba el municipio.
Mientras tanto, continúan sin resolverse cuestiones que preocupan cada día a los vecinos: la limpieza viaria, el mantenimiento de las calles y jardines, la recuperación del Teatro Don Enrique, la mejora de las instalaciones municipales o el apoyo al comercio y al tejido asociativo.
Carcaixent no se puede permitir continuar más años en esta situación
La política no debería consistir en construir relatos ni en representar teatrillos antes de cada pleno importante. Debería consistir en gobernar, dialogar con todos los grupos políticos y ejecutar proyectos que mejoren la vida de los vecinos.
Porque al final lo que importa es que Carcaixent deje de perder oportunidades.
Y esto solo será posible cuando se deje atrás la política de la escenificación y se apueste por una política basada en la transparencia, el diálogo sincero y una gestión eficaz. Es esto lo que necesita Carcaixent para salir del estancamiento y empezar, de una vez, a mirar hacia el futuro.
Es hora de que los vecinos de Carcaixent abran los ojos, analicen los hechos y no se dejen llevar por los relatos que algunos intentan construir.
















