ALFAFAR – En el corazón de Alfafar, un símbolo de resiliencia ha comenzado a dar sus primeros brotes. El Colegio María Inmaculada, que sufrió los devastadores efectos de la DANA el pasado año, ha anunciado la culminación de los trabajos de restauración y mejora de su huerto escolar. Este proyecto, que ha devuelto el verdor a las aulas exteriores del centro, ha sido posible gracias a una subvención estratégica de 4.595 € otorgada por la Fundación «la Caixa».
La iniciativa, gestionada a través de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA), no solo ha reparado las cicatrices del temporal, sino que ha transformado el espacio en un modelo de sostenibilidad e inclusión para toda la comunidad educativa.
Un proceso de transformación integral
Las obras de recuperación no fueron una simple limpieza de escombros. Entre octubre de 2025 y marzo de 2026, el centro se sumergió en una reforma profunda para adaptar el huerto a las necesidades del siglo XXI. Según detalla el informe del proyecto, las actuaciones han incluido:
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Restauración de zonas dañadas: Limpieza y adecuación de los terrenos afectados por el lodo y el agua.
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Equipamiento renovado: Instalación de nuevos huertos urbanos, mesas de cultivo ergonómicas, maceteros y mobiliario de exterior.
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Infraestructura hidráulica: Renovación completa del sistema de riego para garantizar un uso eficiente del agua.
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Logística: Incorporación de una caseta de almacenaje para organizar las herramientas y facilitar el mantenimiento diario.
Además de la estructura física, se ha renovado la biodiversidad del espacio con la plantación de hortalizas, frutas y plantas aromáticas, utilizando tierra vegetal de alta calidad y semillas seleccionadas.
Un aula viva para la inclusión
El impacto de este huerto trasciende lo agrícola. El Colegio María Inmaculada utiliza este espacio como un entorno pedagógico clave que abarca desde la Educación Infantil hasta de la ESO.
Sin embargo, el beneficio más notable se observa en el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. Para estos estudiantes, el huerto funciona como una herramienta sensorial y terapéutica, permitiéndoles un aprendizaje experiencial que difícilmente se logra entre cuatro paredes. El contacto directo con la tierra y el seguimiento del ciclo de vida de las plantas fomentan la calma, la concentración y el desarrollo de habilidades motoras y cognitivas.
Valores que echan raíces
Desde la dirección del centro y el AMPA, se subraya que el proyecto está alineado con los objetivos de educación ambiental y desarrollo sostenible. El huerto se ha convertido en el escenario ideal para trabajar valores transversales como:
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Trabajo cooperativo: Los alumnos deben organizarse para las tareas de siembra y cuidado.
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Corresponsabilidad: El éxito de la cosecha depende del compromiso compartido de proteger el entorno.
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Convivencia: Un espacio de encuentro que refuerza los lazos entre la comunidad educativa tras la tragedia de la DANA.
«No se trata solo de recuperar un huerto, sino de sembrar ilusión, aprendizaje y bienestar», han expresado desde el AMPA del centro.
Un futuro esperanzador
Hoy, el huerto ya es una realidad vibrante. El alumnado muestra una alta motivación en sus visitas diarias, participando activamente en el mantenimiento de este pulmón verde. La subvención de la Fundación «la Caixa» ha permitido que, donde antes hubo desolación por el temporal, hoy florezca un recurso educativo que promete formar a ciudadanos más conscientes y conectados con su entorno.
Con esta inauguración, el Colegio María Inmaculada de Alfafar cierra un capítulo difícil y abre uno nuevo lleno de vida, reafirmando su compromiso con una educación integral y humana.


















