El municipio de la Vall d’Albaida se despide de su aulario tras 64 años de historia. Ni el comedor escolar ni los alquileres asequibles para familias jóvenes han logrado frenar el avance de la despoblación.
Redacción | Domingo, 5 de julio de 2026
Un silencio definitivo se ha apoderado de las aulas de Rugat, en la comarca de la Vall d’Albaida. Este pequeño municipio del interior valenciano, con apenas 165 habitantes censados, ha dicho adiós a su escuela de forma permanente tras quedarse sin niños en edad escolar. El fin del actual curso ha supuesto el cese de la actividad de unas instalaciones educativas que daban vida a la localidad, forzando a las futuras generaciones del pueblo a tener que desplazarse obligatoriamente a otros municipios vecinos para cursar los estudios de educación primaria.

El aula local, plenamente integrada dentro del Colegio Rural Agrupado (CRA) Serra de Benicadell, ha sido completamente desmantelada y ya no cuenta ni con mesas ni con sillas en su interior. Los tres únicos menores que cursaban sus estudios en este centro durante el último ejercicio ya no regresarán a las instalaciones en septiembre, lo que certifica el cierre irreversible de unas dependencias donde se han formado los niños y niñas del pueblo de manera ininterrumpida desde el año 1962.
[Las dependencias vacías del antiguo aulario infantil del CRA en Rugat tras la retirada del mobiliario escolar]
Fracasan los planes de dinamización social y alquiler joven
La pérdida del aulario se ha consumado a pesar de los intensos esfuerzos vecinales e institucionales desplegados durante la última década para intentar revertir la falta de alumnado. Ni la implantación estratégica de un servicio de comedor escolar en el recinto, ni las sucesivas iniciativas municipales de vivienda con alquileres muy asequibles dirigidas a atraer a parejas jóvenes con hijos han sido suficientes para dar la vuelta a la pirámide demográfica del municipio.
«Llevo diecisiete años aquí y siempre hemos sufrido y batallado para que el aulario de Rugat no se cerrara», lamenta Lorena Juan, maestra del centro y concejala de la corporación local. Desde el consistorio y el vecindario no ocultan su pesar ante una clausura que, según aseguran con crudeza, marcará un doloroso antes y un después en el devenir de la comarca, al suponer simbólicamente «la muerte de un pueblo» que pierde su principal punto de vitalidad diaria.
El recuerdo de varias generaciones de exalumnos
Detrás de los muros del colegio se quedan los registros y memorias de múltiples generaciones de una misma familia. Es el caso de Paco, un vecino de Rugat que se formó en estas dependencias antes de dar el salto al instituto: «En mi época el colegio estaba dividido; había una escuela de chicos y otra de chicas, en una clase impartía lecciones don Salvador y en la otra doña Pepita», recuerda con nostalgia.
Años más tarde, su propio hijo Hugo repitió el mismo camino en el aulario rural. «Yo estuve allí desde los cuatro años hasta que terminé toda la educación primaria. Ya éramos poquitos al principio, unos nueve o diez alumnos en total, y cuando yo finalicé los estudios ya solo quedábamos cinco en clase», rememora el joven. Las diferencias entre los recuerdos de los exalumnos y la realidad actual constatan la gravedad de un proceso de despoblación interior que, con el cierre de esta escuela, se lleva consigo décadas de ilusión y el relevo generacional de la localidad.













