La diplomacia europea ha dado un paso de gigante esta semana, pero lo ha hecho dejando un asiento vacío en la mesa de las decisiones críticas: el de España. Mientras el Reino Unido, Francia e Italia lideraban en París una cumbre histórica de 49 naciones para desbloquear el Estrecho de Ormuz, el Gobierno de Pedro Sánchez se encontraba ausente, confirmando lo que muchos analistas describen como un preocupante aislamiento internacional en materia de seguridad estratégica.
París: Una Coalición de Soberanía sin España
La reunión en la capital francesa no ha sido un evento diplomático más. Ante la inacción y los reproches de la administración estadounidense —que ha llegado a calificar de «cobardes» a sus socios europeos—, las principales potencias del continente han decidido tomar las riendas. La nueva misión multinacional nace con el objetivo de restaurar la libertad de navegación en el punto más sensible del comercio petrolero mundial, operando bajo una bandera estrictamente europea y defensiva.
Sin embargo, la ausencia de España en este selecto grupo no ha sido accidental. Fuentes diplomáticas apuntan a que el rechazo del Ejecutivo español a suscribir las declaraciones previas de condena al régimen iraní y su reticencia a participar en misiones militares fuera del amparo explícito de la ONU han provocado su exclusión directa de la planificación. En un momento en que el eje Londres-París-Roma busca una respuesta ágil y decidida frente al bloqueo de facto que sufre el estrecho, la postura de Madrid ha sido percibida como una «ambigüedad paralizante».
Todo a pesar de que España es uno de los países europeos que ha notado más la crisis del petróleo y donde la economía y los precios ya se han encarecido por encima del 3%, pero parece que ese problema para el bolsillo de los españoles no lo tiene Moncloa con todos los gastos pagados por los españoles.
La «Contracumbre» de Barcelona: Refugio en la Ideología
Coincidiendo con el despliegue de la diplomacia de alto nivel en París, el Presidente Sánchez ha optado por un escenario radicalmente distinto. En Barcelona, el Gobierno ha auspiciado una cumbre con líderes de la denominada «izquierda progresista» latinoamericana, incluyendo figuras como Gustavo Petro y Lula da Silva, en un intento de proyectar una imagen de liderazgo global que, según la oposición, solo busca enmascarar el vacío recibido en Europa.
Este encuentro en la Ciudad Condal ha sido interpretado por diversos sectores como una maniobra de distracción para contrarrestar la «mala noticia» que supone quedar fuera del nuevo eje de seguridad marítima. Mientras en París se hablaba de fragatas, seguridad energética y derecho marítimo internacional, en Barcelona el discurso se centró en la «lucha contra la ola reaccionaria» y la defensa de democracias sociales.
«España parece haber cambiado el puente de mando de las grandes misiones de seguridad por un foro de afinidad ideológica que no resuelve los problemas de suministro que enfrenta el país», señalan críticos en el Congreso.
Un Escenario de Riego para los Intereses Españoles
El aislamiento en la misión de Ormuz no es solo un golpe al prestigio diplomático; tiene consecuencias económicas tangibles. Al no formar parte del núcleo decisor de la coalición:
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Pérdida de Influencia: España pierde voz en la gestión de una crisis que afecta al 20% del crudo mundial, quedando a expensas de las decisiones que tomen sus vecinos.
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Disonancia con los Aliados: La brecha con socios estratégicos como Italia y Francia se agranda, situando a España en la periferia de la política de defensa común europea.
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Dependencia Externa: Al renunciar a la protección activa de sus intereses comerciales en el Estrecho, el país queda supeditado a la generosidad de la escolta de naciones que sí han dado el paso al frente.
Conclusión: ¿Diplomacia o Ideología?
La imagen de esta semana es elocuente: por un lado, una Europa que se organiza militar y diplomáticamente para garantizar el orden global en París; por otro, una España que se repliega sobre sus aliados ideológicos en Barcelona. Mientras el mundo busca soluciones prácticas para una crisis energética inminente, la diplomacia española parece haber priorizado la sintonía política con el eje latinoamericano sobre la responsabilidad estratégica con sus socios naturales del continente.
El despliegue de la misión en Ormuz comenzará en los próximos días. España, por el momento, lo verá desde la barrera, refugiada en un discurso de neutralidad que la comunidad internacional empieza a leer como una preocupante falta de relevancia.
















