El Ministerio de Sanidad quiere implantar en todo el país una medida aplicada desde hace dos años en la Comunitat Valenciana. El sistema permite esperar entre 24 y 48 horas antes de iniciar determinados tratamientos, siempre bajo criterio médico, para evitar el uso innecesario de antibióticos y frenar las resistencias bacterianas.
La Comunitat Valenciana se ha convertido en referente para una nueva estrategia sanitaria que el Ministerio de Sanidad pretende extender al conjunto de España: la prescripción diferida de antibióticos, un sistema que permite retrasar entre 24 y 48 horas el inicio de determinados tratamientos cuando la situación clínica del paciente lo permite.
La medida, que lleva dos años aplicándose en territorio valenciano, busca reducir la utilización innecesaria de estos medicamentos y evitar que se administren en infecciones que pueden resolverse sin tratamiento antibiótico.
Según los resultados difundidos sobre esta experiencia, la prescripción diferida puede reducir hasta un 70% el consumo de antibióticos en los casos en los que se aplica, una disminución especialmente relevante ante el aumento de las resistencias bacterianas.
¿En qué consiste la prescripción diferida de antibióticos?
La prescripción diferida es una estrategia médica que consiste en proporcionar al paciente una receta de antibióticos, pero indicándole que no inicie inmediatamente el tratamiento.
En su lugar, el profesional sanitario establece un periodo de observación, habitualmente de entre 24 y 48 horas, durante el cual se comprueba cómo evolucionan los síntomas.
Si el paciente mejora y se cumplen las condiciones indicadas por el médico, puede no ser necesario utilizar el medicamento.
Por el contrario, si la evolución clínica aconseja iniciar el tratamiento, el paciente sigue las instrucciones previamente establecidas.
El objetivo es evitar que se consuman antibióticos cuando el propio organismo puede superar la infección sin necesitarlos.
Esta estrategia no significa retrasar todos los tratamientos antibióticos ni debe aplicarse sin valoración médica.
La Comunitat Valenciana lleva dos años aplicando este modelo
La experiencia valenciana ha servido como referencia para la propuesta de extensión estatal.
Durante este periodo, el sistema ha permitido introducir una forma de prescripción más selectiva, especialmente útil en determinados procesos infecciosos en los que no siempre está claro desde el primer momento si resulta necesario administrar un antibiótico.
Javier Blanquer, de la Sociedad Valenciana de Medicina Familiar y Comunitaria, explica que la medida permite dar tiempo a las defensas del paciente para responder a la infección.
Cuando la evolución es favorable, puede evitarse un tratamiento que finalmente no habría sido necesario.
La decisión debe estar siempre vinculada a la evaluación clínica y a las instrucciones del profesional sanitario.
Los antibióticos no sirven contra los virus
Uno de los problemas que pretende combatir esta estrategia es el uso de antibióticos en infecciones de origen vírico.
Estos medicamentos están diseñados para combatir determinadas infecciones bacterianas, pero no son eficaces contra los virus.
José Luis Soler Saura, vocal del Colegio de Farmacéuticos de Alicante, recuerda que los síntomas de algunas infecciones bacterianas y víricas pueden parecerse.
Esta circunstancia puede dificultar la decisión inicial sobre la conveniencia de administrar un antibiótico.
La prescripción diferida permite observar la evolución de determinados pacientes sin recurrir automáticamente al medicamento.
Hasta un 70% menos de consumo en los casos adecuados
Los resultados difundidos sobre esta estrategia apuntan a una reducción de hasta el 70% en la utilización de antibióticos.
La cifra no significa que el consumo total de antibióticos en España vaya a disminuir ese porcentaje, sino que refleja el potencial de reducción en los procesos clínicos donde resulta apropiado aplicar la prescripción diferida.
Esta distinción es importante porque hay infecciones bacterianas que requieren tratamiento inmediato y otras situaciones en las que retrasarlo puede resultar perjudicial.
El objetivo de la medida es utilizar los antibióticos únicamente cuando estén indicados.
Las resistencias bacterianas, una amenaza para la salud pública
La utilización innecesaria de antibióticos contribuye a favorecer la aparición y propagación de bacterias resistentes.
Cuando esto ocurre, determinados medicamentos pueden perder eficacia frente a infecciones que anteriormente podían tratarse con relativa facilidad.
La resistencia a los antimicrobianos constituye uno de los grandes desafíos de la salud pública.
Reducir las prescripciones innecesarias permite preservar la utilidad de los tratamientos disponibles.
Javier Blanquer advierte de que el uso inadecuado de estos medicamentos genera un gasto sanitario evitable y puede comprometer su eficacia futura.
Las farmacias tendrán un papel importante
La aplicación de este sistema requiere coordinación entre médicos, pacientes y farmacéuticos.
Las farmacias pueden contribuir explicando cómo debe seguirse una prescripción diferida y resolviendo dudas sobre las indicaciones recibidas.
El farmacéutico José Luis Soler Saura destaca la importancia del asesoramiento profesional, especialmente cuando los síntomas de diferentes tipos de infecciones pueden confundirse.
En cualquier caso, la decisión de comenzar, retrasar o modificar un tratamiento debe ajustarse a las instrucciones del profesional sanitario que lo ha prescrito.
Un modelo valenciano que quiere extenderse al resto de España
La intención del Ministerio de Sanidad es trasladar al conjunto del sistema sanitario una experiencia que lleva dos años desarrollándose en la Comunitat Valenciana.
La implantación estatal pretende favorecer una utilización más responsable de los antibióticos y reducir los tratamientos innecesarios.
La medida también plantea la necesidad de informar adecuadamente a los pacientes para que comprendan cuándo deben iniciar la medicación y qué síntomas requieren una nueva valoración médica.
La clave de la prescripción diferida no es dejar de utilizar antibióticos, sino administrarlos cuando realmente hacen falta. La experiencia valenciana apunta a que esta estrategia puede reducir notablemente los tratamientos innecesarios sin renunciar a la atención médica individualizada.
















