Madrid / Teherán / Dubái — 4 de marzo de 2026
La indignación viaja más rápido que la ayuda. Mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores intenta proyectar una imagen de control y logística avanzada, la realidad que relatan miles de españoles atrapados en el epicentro de la nueva guerra en Oriente Próximo es radicalmente opuesta. En los aeropuertos de Dubái y en los salones de casas particulares en Teherán, la sensación no es de ser protegidos por su Estado, sino de estar viviendo un «sálvese quien pueda» institucional.
La cifra oficial asusta: 30.000 españoles se encuentran repartidos por la zona de conflicto. Sin embargo, el balance de éxito que el ministro José Manuel Albares ha puesto sobre la mesa hoy sabe a poco para las familias: apenas 22 españoles han sido repatriados con éxito desde Irán vía terrestre por Azerbaiyán, sumándose a los 175 que lograron aterrizar ayer en un accidentado vuelo comercial desde Abu Dabi. El resto, una masa humana de turistas, trabajadores y residentes, denuncian estar «completamente a ciegas».
«Hidrataros y suerte»: La frase de la vergüenza
Lo que comenzó como un rumor en grupos de WhatsApp de expatriados se ha convertido en el grito de guerra contra la gestión del Ministerio. Varias familias que consiguieron contactar con los servicios de emergencia consular en los primeros momentos del ataque conjunto de Israel y Estados Unidos contra Irán el pasado sábado, aseguran haber recibido respuestas que rayan en el desprecio.
«Cuando llamé a la embajada en Teherán en plena noche, con el estruendo de los misiles de fondo, me dijeron que mantuviera la calma, que me hidratara y que tuviera suerte porque ellos no tenían instrucciones de evacuación todavía», relata Manuel S., un ingeniero madrileño que aún espera una salida segura desde la capital iraní.
Esta respuesta, que ya se ha hecho viral bajo el hashtag #HidratarosYSuerte, simboliza para los afectados un abandono que va más allá de la logística: es una desconexión emocional y operativa de un Ministerio que, según la oposición y los propios ciudadanos, ha reaccionado tarde a una escalada que se veía venir desde enero.
El caos en los aeropuertos: El desamparo de los turistas
La situación en los Emiratos Árabes Unidos es especialmente sangrante. Unos 13.000 españoles —en su mayoría turistas que disfrutaban del puente de marzo o estaban en tránsito hacia Asia— se encuentran varados por el cierre intermitente del espacio aéreo.
A diferencia de otros países europeos como Francia o Alemania, que fletaron vuelos militares a las pocas horas de iniciarse las hostilidades, España ha tardado cuatro días en anunciar el envío de un Airbus A330 del Ejército del Aire. Mientras tanto, los testimonios que llegan desde el aeropuerto de Dubái describen escenas de precariedad absoluta: familias durmiendo en el suelo, tarjetas de crédito bloqueadas y una ausencia total de personal consular «a pie de pista».
«Nadie del Ministerio se ha puesto en contacto con nosotros. Nos enteramos de los planes de evacuación por la prensa o por lo que publican otras embajadas en Twitter», lamenta Elena de Toro, una de las turistas malagueñas atrapadas en Abu Dabi. Para muchos, la recomendación oficial de «inscribirse en el registro de viajeros» suena a broma pesada cuando los sistemas informáticos del Ministerio se colapsaron el pasado domingo por la tarde.
La reacción tardía del Gobierno
Hoy, ante la lluvia de críticas y la presión mediática, el Gobierno ha intentado dar un golpe de timón. Esta tarde, fuentes de Moncloa han asegurado que se reforzará «al máximo» el personal en las embajadas de Omán, Jordania y Azerbaiyán, reconociendo implícitamente que las delegaciones actuales estaban desbordadas.
El plan ahora consiste en fletar aviones hacia Omán, obligando a miles de españoles a desplazarse por su cuenta y riesgo por tierra hasta Mascate para poder ser evacuados. Una maniobra que los expertos en seguridad tildan de «arriesgada» dada la volatilidad de las fronteras en este momento.
Un problema de previsión
Las críticas por el abandono institucional se centran en que el Ministerio ya había elevado la alerta en Irán a mediados de enero, desaconsejando viajar al país. Sin embargo, no se previeron planes de contingencia para los países limítrofes, que son los que hoy concentran el mayor grueso de afectados.
Mientras los 22 afortunados que cruzaron la frontera con Azerbaiyán son esperados en Barajas como el símbolo de un operativo exitoso, los otros 29.978 españoles miran con escepticismo sus teléfonos.
Para ellos, la diplomacia española no es hoy un escudo, sino una línea telefónica que comunica o que, en el peor de los casos, les desea «suerte» mientras el cielo se ilumina con el resplandor de los ataques.
















