VALENCIA. – Hubo un tiempo en que las calles de la comarca de l’Horta Sur, anegadas por el desastre, se llenaron de miles de jóvenes equipados con palas, botas de caucho y una solidaridad inquebrantable. Siete de cada diez adolescentes y jóvenes de la zona se volcaron como voluntarios para limpiar el barro y sostener la primera respuesta tras la trágica DANA del 29 de octubre de 2024. Sin embargo, año y medio después de la catástrofe climática, el sentimiento colectivo es de profunda exclusión. Aquellos que levantaron los pueblos con sus propias manos sienten que hoy se les ha dado la espalda en el diseño del futuro de sus municipios.
Esta es la principal conclusión de «De lo urgente a lo importante: la juventud en la reconstrucción después de la dana», el nuevo informe publicado por la ONG Plan International. El estudio, financiado por el Ministerio de Juventud e Infancia, evidencia una preocupante brecha entre las administraciones públicas y las nuevas generaciones.
«Al principio los jóvenes éramos héroes, todos contaron con nosotros… pero a partir de marzo, abril, cuando todo volvió, ya somos otra vez los últimos monos», lamenta un chico de Benetússer en los testimonios recogidos.
Cifras que reflejan la desconexión política
Los datos cuantitativos del informe reflejan una realidad incontestable sobre la falta de canales participativos:
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El 50 % de los adolescentes y jóvenes afirma que no se les ha tenido en cuenta en absoluto en las decisiones políticas y urbanísticas de su municipio.
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El 60 % desconoce por completo qué se está dictaminando y aprobando respecto al futuro de sus centros educativos, viviendas y espacios de ocio.
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Falta de estructuras: Técnicos municipales de juventud confirman que las instituciones no han estado a la altura y han evitado crear espacios estables de participación juvenil vinculados a la reconstrucción.
La educación: el último escalón de la reconstrucción
El derecho a la educación se ha convertido, según los afectados, en el ámbito más perjudicado y menos priorizado. El impacto inicial fue devastador: el 97 % vio su centro de estudios afectado, la mitad pasó más de un mes sin clases y un tercio sufrió suspensiones sin alternativa de formación online.
Hoy, a mediados de 2026, las secuelas siguen siendo visibles. Alrededor de 3.000 alumnos continúan asistiendo a clase en aulas prefabricadas en localidades como Catarroja, Massanassa, Alfafar o Paiporta, entre otros, mientras una docena de colegios e institutos siguen esperando una reconstrucción total o parcial.
Esta precariedad prolongada ha hecho mella en el rendimiento académico. Cuatro de cada diez estudiantes manifestaron problemas de concentración meses después, y un 30 % vio su rendimiento gravemente afectado a largo plazo. Los docentes alertan de un peligroso repunte del abandono escolar: «Hay parte del alumnado que ha dicho: ¿para qué voy a estudiar si el agua me lo ha quitado todo?», confiesa un director de instituto de secundaria.
Heridas emocionales y el muro de la vivienda
Más allá de las aulas, el impacto psicológico retardado está emergiendo con fuerza. Aunque casi la mitad de los jóvenes requirió apoyo psicológico inmediato, los profesionales sanitarios advierten que, tras la fase de supervivencia, están aflorando cuadros severos de ansiedad, trastornos del sueño, conductas de riesgo y autolesiones.
A este panorama se suma la crisis de habitabilidad. La DANA ha provocado un encarecimiento del precio del alquiler de hasta un 30 % en la comarca. Como señala una psicóloga de la Unidad de Salud Mental de Emergencia (USME): «La dana no ha creado el problema de la vivienda, lo que ha hecho es destaparlo y multiplicarlo», bloqueando por completo cualquier posibilidad de emancipación para la juventud local.
Propuestas para una reconstrucción legítima
Ante esta situación, Plan International exige un giro radical en la gestión de la post-emergencia. La organización reclama un plan integral comarcal con indicadores específicos para la infancia y juventud, y que se declare a las escuelas, polideportivos y centros juveniles como infraestructuras esenciales que no puedan quedar desatendidas. Asimismo, instan a reforzar los equipos de salud mental especializada y a crear viviendas asequibles.
«La adolescencia y la juventud no son una población receptora de la emergencia, son sujetos de derechos y agentes de cambio”, defiende firmemente Virginia Saiz, directora general de Plan International. “No hay reconstrucción legítima sin escucha real”.
El informe se ha elaborado mediante metodologías cualitativas, incluyendo entrevistas y «paseos participativos» por Catarroja y Massanassa entre finales de 2025 y principios de 2026, los cuales han dado vida a un documental audiovisual donde la juventud guía al espectador por los espacios que se recuperan y aquellos que el lodo, moral e institucional, todavía mantiene congelados.
















