MADRID – En un paso decisivo para el cumplimiento de la Ley 20/2022, el Gobierno de España ha formalizado la inclusión del panteón funerario de Vjekoslav Luburić en el Catálogo de Símbolos y Elementos contrarios a la Memoria Democrática. La decisión, notificada este 16 de abril de 2026, afecta directamente al monumento ubicado en el cementerio municipal de Carcaixent (Valencia), donde reposan los restos de uno de los colaboradores más notorios del régimen nazi en los Balcanes.
La resolución, emitida por la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, es tajante: se debe proceder a la retirada inmediata del escudo de la Ustaša —el partido fascista croata— y de cualquier inscripción honorífica que contribuya a la exaltación de su figura. El informe vinculante de la Comisión Técnica subraya que la presencia de este monumento en un espacio público constituye una «exaltación del fascismo» incompatible con los valores democráticos y el deber de reparación a las víctimas.
Un perfil marcado por el horror
Vjekoslav Luburić, conocido bajo el estremecedor alias de «el carnicero», no fue un actor secundario en el horror de la Segunda Guerra Mundial. Como dirigente del régimen de la Ustaša en el Estado Independiente de Croacia, fue el máximo responsable del sistema de campos de concentración y, específicamente, del campo de exterminio de Jasenovac.
En dicho recinto, la violencia masiva se cobró la vida de decenas de miles de personas, incluyendo población serbia, judía, romaní y disidentes comunistas. El panteón de Carcaixent, erigido en 1976 en un lugar destacado del camposanto, ha funcionado durante décadas como un vestigio de impunidad, manteniendo una simbología que ensalza tanto al perpetrador como al régimen colaboracionista al que sirvió.
De criminal de guerra a vecino de Carcaixent
La historia de Luburić en España es un reflejo de la política de asilo que la dictadura franquista ofreció a numerosos cuadros del fascismo europeo tras la derrota del Eje. Tras el fin de la contienda mundial, Luburić se estableció en la localidad valenciana bajo una identidad falsa, donde logró integrarse y hacer «vida normal» amparado por las estructuras del régimen de Franco.
Su vida terminó de forma violenta en 1969, cuando fue asesinado en su propia casa de Carcaixent, presuntamente por un agente de los servicios secretos yugoslavos. Sin embargo, su entierro y la posterior construcción de su panteón en 1976 perpetuaron un relato de honorabilidad que la actual Ley de Memoria Democrática busca rectificar.
Resignificación y sanciones
La intervención del Ministerio no se limita a la limpieza de símbolos fascistas. La resolución obliga a la «resignificación» del espacio mediante la instalación de elementos interpretativos. Estos paneles deberán proporcionar una contextualización histórica «rigurosa y veraz», que incluya referencias explícitas a los crímenes de Luburić, el genocidio de Jasenovac y su trayectoria de ocultamiento en España.
El Gobierno ya ha dado traslado de esta orden a las administraciones autonómica y local competentes para su ejecución. Asimismo, el Ministerio ha advertido que el incumplimiento de estas medidas de retirada y contextualización podrá derivar en la activación de los procedimientos sancionadores previstos en la normativa vigente.
Con esta actuación, el Ejecutivo busca avanzar en la dignificación de las víctimas y asegurar que los espacios públicos no sirvan como plataformas de apología para figuras que protagonizaron algunos de los episodios más oscuros del siglo XX. La eliminación del escudo Ustaša en Carcaixent marca un hito en la limpieza de simbología totalitaria extranjera en suelo español, reforzando el compromiso del Estado con la memoria democrática global.
















