En el siglo XIX se hacían idioteces de tanta magnitud como las que se cometen hoy en día, con la única diferencia de que aquellas son más antiguas y las de ahora son más modernas. Pero ambas dos no dejan de ser tonterías, y la pátina de la edad no debe ser excusa para transformarla en genialidades.
En el año 1880 la sociedad privada “Lo Rat Penat” proclamó “Presidente de Honor” al Ayuntamiento de Valencia, seguramente para conseguir alguna subvención o prebenda. Había muerto el primer presidente honorífico, el cronista Vicente Boix y pensaron que la corporación podría ocupar este cargo. Y como había sintonía política entre todos el ayuntamiento lo aceptó, y luego lo olvidó hasta los años sesenta del siglo pasado, y a partir de los ochenta, cuando los partidos pancatalanistas se apoderaron del consistorio, procuraron abdicar de ese cargo y buscaron por todos los caminos la manera de acabar con la sociedad valencianista. Ya nunca se volvió a rememorar esta anécdota.
Hoy mismo leo en un artículo de Javier Navarro que sería muy buena cosa revertebrar esta presidencia honorífica. No se pierdan la justificación de este erudito: “esta recuperación serviría para reforzar todavía más la colaboración entre el Consistorio y Lo Rat Penat, cosa muy beneficiosa para el Ayuntamiento de Valencia para hacer una política más valencianista”.
¿Donde está esa “política valencianista” que, con la presidencia de honor, se haría “más” valencianista?
Yo no la veo por ningún sitio, debo ser miope de políticas valencianistas. Yo lo que veo es una política antivalencianista que debemos tener bien clara porque estamos a un año de las elecciones municipales y las realidades son las que son.
Ejemplo señero es el nombre de “Valéncia” con su e cerrada. Se aprobó como denominación oficial como un ejercicio de política fantasma, dirigida a engañar a la gente. Después no hemos visto el uso de este nombre en ningún documento, ni siquiera por parte del partido que instigó el cambio.
¿Cuántos libros en lengua valenciana han sido publicados durante esta legislatura? ¿Cuantos artistas valencianistas han sido contratados por este consistorio? ¿Cuantos actos de contenido valencianista han sido impulsados? ¿Cuantas variaciones ha habido en los distintos departamentos en materia de política lingüística?
No hay nada. El ayuntamiento de Valencia respeta a Lo Rat Penat, pero le recorta las alas todo lo que puede. Calificar esta actitud como “política valencianista” es alucinar un poco. Javier, que acaba de ser padre, se ve que está tan feliz que se ha vuelto tan loco como don Quijote y ve gigantes donde solo hay molinos, y bien polvorientos por cierto.
El mejor presidente de Lo Rat Penat es el presidente que tiene ahora. Una persona de talante dialogante que se deja la piel en llevar adelante la nave, en contra precisamente de los vientos que soplan desde las instituciones.
Comparar Lo Rat con la Real Academia, en este sentido, es un error. Una es una institución privada y la otra es pública. Por eso tiene unas presidencias institucionales que, en realidad, también se han puesto en contra suya en muchos momentos.
Por mi parte yo recomendaría al actual Presidente que, en caso de existir esa presidencia honorífica que yo consideraría más bien extinguida, se la retirara de inmediato por las constantes afrentas cometidas. Miren sin ir más lejos los premios literarios donde tanto los jurados como los premiados suelen ser catalanes del Condado de Barcelona, haciendo injusto desprecio de los hijos del Reino de Valencia. Por no haber del cerco económico al que reducen a los medios de comunicación independientes y valencianistas, como este mismo donde tengo posibilidad de expresar esta opinión.
Valencia tiene un problema crónico que, a los visto, dura más de doscientos años, el servilismo desmedido. Ya cayó en ello Lo Rat Penat cuando intentó proclamar a Mariví Lerma Regina de los Juegos Florales y una enérgica reacción de los socios llevó al trono a la excelsa Pepita Samper.
A mi que nombraran Presidente de Honor a Javier Navarro me parecería óptimo. Es un intelectual esforzado que lucha con todas sus fuerzas por el ideal valencianista. Pero en esta ocasión ha patinado con su propuesta. Primero que una corporación cambiante por naturaleza no debe tener una presidencia permanente, y segundo los que están ahora no se la han ganado en absoluto.
Si quieren una buena presidenta de raíz municipalista ahí está todavía viva y brillante la gran Lola García Broch. Y no está sola, hay muchas grandes figuras valencianistas que no reciben ningún homenaje, pese a merecerlo. Que tal Toni Fontelles o Juli Moreno? Hay tantos ratpenatistas históricos a exalzar… Recordad a donde envió este consistorio a Anfons Ramón, una calle donde solo faltan las cabras para construir un emotivo rincón rural.
Lo Rat Penat, ni ninguna entidad que se precie, no merece ser presidida por sus enemigos.














