Lo que prometía ser una aburrida y rutinaria ronda dominical de vigilancia se transformó, de repente, en el descubrimiento de una auténtica cantera del motociclismo. Un empleado de seguridad de una zona industrial se topó el pasado domingo con una estampa tan sorprendente como profesional: dos minimotos de competición aparcadas junto a las imponentes y acorazadas puertas de embarque de mercancías de la empresa.
«Al principio pensé, con un toque de humor, que se trataba de dos ladrones enanos que se habían colado haciendo un casteller subidos a las motos», confiesa divertido el trabajador, autor del hallazgo.
Sin embargo, al acercarse, la realidad resultó ser mucho más emocionante y deportiva.
Un box profesional a pequeña escala
Allí se encontraba Eric, un motorista aficionado cuya pasión por las dos ruedas ha transmitido a sus hijos, Lucía y Lucca. Con el asfalto de la zona logística como lienzo, Eric había desplegado un circuito de entrenamiento perfectamente delimitado con conos, coronado por un coche de equipo con su respectivo toldo para proteger a los pequeños del implacable sol del mediodía.
A la cita no le faltaba ni un solo detalle propio del Mundial de Motociclismo:
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Equipación oficial: Los dos menores lucían monos de cuero y cascos de alta competición idénticos a los de los grandes mitos de los circuitos.
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Zona de ‘Paddock’: Sillas profesionales a pie de pista para el descanso de los pilotos.
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Hidratación: Botellas específicas preparadas para que los futuros cracks del motor sobrellevaran el esfuerzo físico.
Adiós a las pantallas; hola al asfalto
Ante la sorpresa del vigilante, Eric hizo una petición tan humilde como entusiasta: ¿Por favor, podemos quedarnos aquí y seguir entrenando? La respuesta fue un rotundo sí, camuflado de admiración.
En una época donde el ocio infantil parece monopolizado por las pantallas, la historia de Lucía y Lucca destaca como un soplo de aire fresco. «Me dije que lo tenía que contar. En vez de estar en casa jugando a las motos con la consola, eran ellos los actores principales de este deporte«, relata emocionado el testigo de los entrenamientos.
El rugido de los pequeños motores y la destreza de los hermanos dejaron claro que el talento no entiende de edades, sino de constancia y apoyo familiar. Aunque las imágenes y vídeos capturados en el lugar hablan por sí solos, queda claro que el futuro del motociclismo base se está fraguando en los lugares más insospechados.
por Salva Fructuoso






