La Plaza de la Virgen de Valencia (Plaza de la Mare de Déu) ha sido escenario este jueves de un insólito y tenso choque cultural y social. Lo que debía ser la habitual sesión de las 12:00 horas del Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia —la institución de justicia más antigua de Europa, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco— ha terminado convirtiéndose en un hervidero de reproches mutuos debido al ruido ensordecedor de una manifestación de profesores en huelga.
El choque: Tradición oral frente a la protesta ruidosa
El Tribunal de las Aguas basa su milenario prestigio en la oralidad y la rapidez: los síndicos juzgan los conflictos de riego de forma pública y a viva voz en la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia. Sin embargo, hoy el ritual ha sido completamente invisible para el oído del público.
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El estruendo: Justo en el momento en que los síndicos ocupaban sus sillones de cuero negro, la cabecera de la manifestación de docentes ha entrado en la plaza armada con silbatos, megáfonos, batucadas y petardos.
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La petición de respeto: Ante la imposibilidad de escuchar las deliberaciones, varios de los asistentes habituales, turistas y miembros de la propia organización del tribunal se han acercado a los manifestantes para pedirles una tregua o, al menos, que rebajaran el volumen de los pitidos durante los escasos diez minutos que dura el acto.
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Reacción adversa: Lejos de apaciguar los ánimos, la petición ha surtido el efecto contrario. Al grito de «estas son nuestras armas», un sector de los manifestantes ha intensificado las protestas, elevando los decibelios y bloqueando por completo la acústica de la plaza.
Cruce de reproches y tensión entre el público y los docentes
La sesión se ha celebrado de forma íntegra por puro pundonor institucional, pero en un clima de absoluta incomprensión. Nadie de los allí presentes ha podido escuchar una sola palabra de lo dictaminado por los síndicos.
Esto ha desatado la indignación de los asistentes, registrándose momentos de viva tensión y enfrentamientos verbales directos:
«¡Qué poca educación! Si la educación de nuestros hijos está en vuestras manos, apañados estamos», increpaba un ciudadano visiblemente molesto a uno de los portavoces de la protesta.
El argumento principal de las quejas ciudadanas giraba en torno a la falta de civismo y al desprecio por una institución milenaria que es símbolo de la identidad valenciana. Por su parte, algunos manifestantes argumentaban que el colapso del espacio público es la única vía para visibilizar sus reivindicaciones laborales y los recortes en el sector educativo, lo que ha generado un cruce de reproches que afortunadamente no ha llegado a mayores.
Un precedente peligroso para el patrimonio valenciano
No es la primera vez que la Plaza de la Virgen acoge protestas, pero el hecho de que se haya boicoteado activamente un acto protegido por la Unesco ha encendido las alarmas entre los defensores del patrimonio. Los cronistas locales y los habituales del Tribunal lamentaban que, precisamente el colectivo encargado de transmitir los valores de la historia y el respeto cultural a las futuras generaciones (el profesorado), haya sido el protagonista de un episodio que muchos han calificado como un «atropello a la cultura valenciana».
















