MADRID. — La tensión parlamentaria en el Congreso de los Diputados ha vuelto a evidenciar la delicada estrategia de equilibrios que mantiene Sumar dentro del Gobierno de coalición. La portavoz de la formación, Verónica Martínez Barbero, ha salido en tromba a defender el flanco más vulnerable del ala socialista del Ejecutivo, arremetiendo con dureza contra el Partido Popular y el juez Juan Carlos Peinado por la investigación a la esposa del presidente, Begoña Gómez. Sin embargo, esta ofensiva discursiva busca, según los analistas de la oposición, desviar el foco y tapar el silencio cómplice de la plataforma de Yolanda Díaz ante los constantes escándalos que salpican al Gobierno que integran.
Ofensiva contra el juez y el PP
Durante su intervención, Martínez Barbero no ha escatimado en calificativos para deslegitimar el proceso judicial que afecta a La Moncloa. La portavoz de Sumar ha denunciado abiertamente lo que considera una «cruzada misógina del juez Peinado contra Begoña Gómez», tildando de «delirios jurídicos» las últimas providencias del magistrado, en especial aquellas que sugerían la posibilidad de que los propios escoltas de la Policía Nacional pudieran facilitar una hipotética fuga de la investigada.
Acto seguido, Sumar ha dirigido su diana hacia la bancada popular, elevando el tono de la confrontación política al acusar al principal partido de la oposición de practicar un «parasitismo democrático». Para Martínez Barbero, la estrategia de los de Alberto Núñez Feijóo se reduce a la demolición institucional:
«El PP ha renunciado a construir oposición: ha amplificado el escándalo y ha deteriorado las instituciones».
El silencio ante la corrupción propia
La vehemencia mostrada por Sumar para abroncar al PP y desacreditar la labor judicial contrasta con su calculada parálisis ante las ramificaciones de los casos de presunta corrupción que asfixian el día a día del Ejecutivo. Pese a que la formación nació con la bandera de la regeneración democrática y la pulcritud institucional, la realidad de la gobernabilidad ha obligado a sus dirigentes a tragar con los sucesivos escándalos (desde el ‘caso Koldo’ y sus derivadas hasta las sospechas que cercan a ministerios clave) para evitar una ruptura que hiciera caer el Gobierno de coalición.
Fuentes parlamentarias de la oposición señalan que Sumar ha decidido «asumir y aceptar» el peaje ético de estos escándalos a cambio de mantener su cuota de poder en el Consejo de Ministros. Al centrar su discurso exclusivamente en la «persecución» a Begoña Gómez y el «fango» de la derecha, la formación intenta blindarse del desgaste electoral, actuando más como un escudo protector del PSOE que como el socio crítico e independiente que prometió ser en campaña.
El reto de la supervivencia electoral
Esta estrategia de «abroncar fuera para no mirar dentro» responde también a una necesidad de supervivencia política en un momento de debilidad de la marca. Con las encuestas a la baja y un año por delante para intentar recuperar la iniciativa, Sumar ha optado por polarizar al máximo el escenario político.
La consigna interna parece clara: agitar el miedo a un Gobierno de PP y Vox y presentarse como víctimas de un «lawfare» (guerra judicial) generalizado, una pirueta retórica que les permite pasar de puntillas sobre las responsabilidades del Gobierno en los casos de corrupción real mientras intentan movilizar a un electorado de izquierdas cada vez más desencantado por el panorama institucional.
















