VALENCIA – La reciente decisión del Ayuntamiento de Valéncia de dar nombre a tres nuevas vías urbanas ha reabierto el debate sobre los criterios de agilidad y la calidad de los espacios concedidos en el callejero municipal. Mientras que figuras del deporte y la música reciben el plácet unánime y ubicaciones estratégicas, otros nombres ilustres de la ciudad permanecen en un «limbo» administrativo o relegados a zonas marginales.
Consenso para los nuevos referentes
La Comisión de Cultura ha acordado por unanimidad rendir homenaje a tres figuras clave de la sociedad valenciana. Pipo Arnau, alma del Valencia Basket, contará con una calle en el entorno del Roig Arena; Toni Lastra, pionero del atletismo popular, dará nombre a una plaza en Montolivet; y el maestro Bernardo Adam Ferrero, renovador de la música de banda, será recordado en una plaza junto a la Avenida de Francia.
Sin embargo, esta celeridad y la elección de ubicaciones emblemáticas contrastan radicalmente con expedientes que parecen dormir el «sueño de los justos».
El olvido sistemático de González Lizondo
El caso más flagrante es el de Vicente González Lizondo. Pese a su innegable peso histórico en la política valenciana, la calle dedicada al que fuera fundador de Unión Valenciana y presidente de las Cortes . incluso concejal y teniente de alcalde del Ajuntament de Valéncia, sigue, años después, pendiente de una aprobación definitiva que no llega. Este bloqueo administrativo resulta difícil de explicar cuando se compara con la fluidez con la que se tramitan los nuevos expedientes, evidenciando una vara de medir distinta según la sensibilidad política del momento.
Agravios en la ubicación: del centro al solar
La comparación no solo reside en los tiempos, sino en la dignidad del espacio otorgado. Mientras los nuevos nombramientos se asientan en zonas de expansión y gran visibilidad (como el entorno del futuro Roig Arena o la Avenida de Francia), otros reconocimientos se han saldado con lo que muchos consideran «nombramientos de segunda».
Un ejemplo de este agravio es el caso de Anfós Ramón. El poeta y referente cultural valenciano cuenta con una calle que, lejos de estar a la altura de su legado, se reduce a un solar en los confines de la Ciudad Fallera. Un espacio periférico y degradado que sirve de espejo para denunciar cómo, en Valéncia, el honor de figurar en una placa puede variar desde la ubicación privilegiada hasta el destierro al final de la ciudad.
En definitiva, la actualización del callejero local celebra hoy nuevos nombres, pero deja una pregunta en el aire: ¿cuándo se resolverán las deudas históricas con quienes, como González Lizondo, siguen esperando que la burocracia haga justicia a su memoria?
Todo pensando en que el falangista catalanista e independentista Joan Fuster sigue teniendo su calle junto a Tres Forques, nis e le ha aplicado la ley de memoria histórica ni PP-Vox han eliminado del nomenclator de Valencia a este personaje impuesto por el catalanismo radical.
Aquí tampoco la alcaldesa Catalá ha cumplido, ni si quiera sus socios de Vox, ya que con los votos de ambos sería muy fácil cambiar la calle de nombre, cosa que no se han atrevido a hacer, mandando un mensaje claro: Catalá y Vox Valencia tienen miedo al catalanismo radical independentismo y sus posibles reacciones a la par que condenan al olvido a un referente de Valencia que tanto hizo por esta ciudad como Vicente González Lizondo…
Juzguen ustedes el supuesto valencianismo del equipo de gobierno de Catalá porque nosotros no lo encontramos por ningún lugar.















