VALÉNCIA / URBANISMO
El paisaje urbano de una de las principales arterias de entrada a Valéncia está a punto de cambiar para siempre. Tras tres décadas de espera y proyectos fallidos, el Ayuntamiento de Valéncia ha dado el paso definitivo para borrar la huella de la degradación en la avenida de Pío XII. La firma del convenio para el Programa de Actuación Integrada (PAI) Padre Doménech no solo supone el inicio de las obras, sino que incluye una medida excepcional: el adelanto inmediato del derribo del edificio en ruinas que se ha convertido en el símbolo del abandono en el barrio de Campanar.
Este martes, la Delegación de Urbanismo y la Inmobiliaria Guadalmedina S.A. (IGSA) han formalizado el acuerdo que permitirá intervenir sobre un área de 12.077 metros cuadrados. La clave del documento reside en una cláusula específica que autoriza la demolición del inmueble degradado de forma simultánea al proceso de reparcelación. Este movimiento administrativo ahorra meses de espera burocrática y responde a una reivindicación histórica de los vecinos, cansados de convivir con un «edificio fantasma» sin uso y en estado de franca decadencia.
Un hito tras 30 años de espera
El concejal de Urbanismo, Vivienda y Licencias, Juan Giner, se mostró contundente tras la firma notarial: “Este solar ha permanecido 30 años sin desarrollarse desde que se planteó en el Plan General de 1988. Ahora ha llegado el momento de transformarlo por completo”. Para el actual equipo de gobierno, esta actuación representa un modelo de gestión basado en la «revitalización de espacios olvidados» que, además de mejorar la estética de la ciudad, alivian la presión habitacional.
El proyecto contempla la construcción de 133 nuevas viviendas, de las cuales el 15 % (unas 20 unidades) estarán destinadas a protección pública. Es, por tanto, una operación de doble impacto: regeneración urbana y compromiso social.
Sostenibilidad y vanguardia en el diseño
La inversión, que asciende a 3.041.716 euros, no se limita a la edificación. El PAI Padre Doménech ha sido diseñado bajo estándares de sostenibilidad que buscan mitigar el impacto ambiental y mejorar la calidad de vida de los residentes de Campanar.
Una de las novedades más destacadas es la reconfiguración de la fachada de la avenida Pío XII. La nueva vía de servicio contará con una sección de 23 metros que integrará un carril bici de 2,3 metros de ancho y, lo más relevante para el descanso vecinal, un pavimento fonoabsorbente diseñado para reducir drásticamente el ruido del tráfico pesado que fluye por la zona.
Además, el urbanismo del siglo XXI hace acto de presencia con los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS). En lugar de las alcantarillas convencionales que suelen saturarse, las nuevas zonas verdes utilizarán materiales granulares para gestionar eficientemente el agua de lluvia, permitiendo que esta se filtre de manera natural al subsuelo.
Un pulmón verde para el barrio
El beneficio dotacional para la ciudad es masivo. El Ayuntamiento obtendrá 8.922 m² de suelo público. De ellos, casi 3.000 m² se transformarán en dos nuevas zonas verdes equipadas con juegos infantiles, áreas biosaludables para mayores, fuentes y mobiliario urbano ergonómico.
La vegetación también ha sido planificada con rigor. El 80 % de los árboles serán de hoja caduca y especies locales —como cipreses, moreras y acacias—, garantizando un bajo consumo hídrico y una adaptación óptima al clima mediterráneo. Asimismo, se ha reservado una parcela de 125 m² para la futura ampliación del colegio colindante, asegurando que el crecimiento residencial vaya acompañado de servicios educativos.
El fin de un «punto negro»
En la actualidad, el ámbito del PAI es un conjunto de explanadas de tierra utilizadas como aparcamientos improvisados y edificios fuera de ordenación. La intervención eliminará incluso los desniveles de hasta 4 metros que existen en la parte trasera de las edificaciones actuales mediante muros de contención de hormigón armado, lo que permitirá dar continuidad a las aceras y eliminar puntos ciegos o deprimidos que generaban inseguridad.
Con un plazo de ejecución de seis meses para las obras de urbanización, Campanar se prepara para cerrar una de sus heridas urbanas más profundas. Lo que durante 30 años fue un recordatorio del inmovilismo, será en menos de un año una moderna entrada a la ciudad, más verde, más silenciosa y, sobre todo, habitada.
















