Lo que sobre el papel debería ser una simple justificación de voto se ha convertido en el último capítulo de la guerra fría que se vive en el Ayuntamiento de Valencia. Los concejales Juanma Badenas y Cecilia Herrero han vuelto a sacudir el tablero político local con un «error» ortográfico que parece esconder una carga de profundidad contra las siglas que representan.
Concejales en tierra de nadie: La ficción de la unidad
Aunque oficialmente forman parte del grupo municipal de Vox, la realidad política de Badenas y Herrero dista mucho de la armonía institucional. Tras el convulso episodio del pasado verano, donde amagaron con abandonar la disciplina de partido para luego regresar bajo el paraguas de las directrices nacionales, estos ediles operan, en la práctica, como concejales no adscritos.
A pesar de que los documentos presentados este 31 de marzo aseguran respetar la «disciplina de voto» por imposición de su grupo, el tono de sus argumentos rezuma desdén hacia la relevancia de los debates municipales, calificándolos de «instrumentales» y ajenos a las competencias de la ciudad. Es la actitud de quienes están, pero ya no pertenecen.
El pacto de Madrid y el «castigo» de Catalá
Para entender esta desconexión hay que mirar hacia atrás. La crisis del verano de 2025 obligó a la alcaldesa María José Catalá a saltarse la interlocución local y negociar directamente con la cúpula de Vox en Madrid para blindar la estabilidad de su alcaldía.
El resultado de aquel despacho en la capital fue un nuevo diseño del organigrama municipal que dejó a los díscolos en una posición de debilidad política:
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Reasignación de competencias: Catalá les retiró carteras de peso.
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Invisibilidad institucional: Fueron relegados a áreas con escasa proyección pública y presupuestaria, una suerte de «exilio interior» dentro del propio gobierno para minimizar su capacidad de ruido mediático.
¿Un error o un guiño a Torrente?
Sin embargo, el ruido ha vuelto en forma de errata. En un hecho que resulta difícil de atribuir al simple azar, ambos concejales han firmado sus explicaciones de voto refiriéndose a su formación como «grupo municipal Nox».
El término no es baladí para los amantes de la cultura popular española. En la película Torrente 5: Eurovegas, el personaje de Santiago Segura lidera un partido bajo el nombre de Nox, una parodia que hoy cobra vida en los documentos oficiales del Ayuntamiento de Valencia.
Que dos concejales con formación jurídica y amplia experiencia política se «confundan» simultáneamente en el nombre de su propio partido —cambiando la ‘V’ por la ‘N’— parece más un recado sarcástico hacia Madrid y hacia Catalá que un error de teclado. Es la rebelión de los invisibles: si el sistema les quita la voz, ellos responden con la mofa, dejando claro que, aunque voten lo que se les manda, su lealtad ya no reside en las siglas de Vox, sino en el universo de la ficción o, peor aún, en la absoluta indiferencia institucional.



















