VALÉNCIA. – El Servicio de Movilidad del Ayuntamiento de Valencia ha dado un paso definitivo en la culminación de la red ciclista del sur de la ciudad con la apertura, este martes 7 de abril de 2026, del tramo central del carril bici de la calle San Vicente Mártir. Esta nueva sección, que conecta las calles de Joaquín Navarro y Dolores Alcaide, permite por fin enlazar los itinerarios que ya se encontraban operativos en ambos extremos.
Aunque la infraestructura se presenta como un hito para la movilidad sostenible, la configuración del diseño ha vuelto a poner en el punto de mira la convivencia vial. En esta reordenación del espacio público, los usuarios del autobús urbano emergen, una vez más, como los grandes perdedores de la reforma.
Un eje vertebrador para la bicicleta
El proyecto global, que se prevé esté finalizado íntegramente la próxima semana, ha consistido en la creación de un eje bidireccional de 1.600 metros de longitud. Este carril se sitúa segregado de la calzada, pegado a la acera oeste de la calle San Vicente Mártir.
Con esta apertura, se logra vertebrar la conexión ciclista entre los barrios de:
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Sant Marcelí.
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La Creu Coberta.
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La Raïosa.
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Arrancapins.
La actuación también ha conllevado una reestructuración del tráfico motorizado, dejando un único carril para vehículos en el tramo comprendido entre la calle Roís de Corella y el Bulevar Sur.
El conflicto en las paradas: usuarios del bus en riesgo
A pesar de las ventajas para los ciclistas, el diseño «pegado a la acera» ha generado una situación crítica en las paradas de la EMT. Al estar el carril bici situado entre la acera y la calzada donde estaciona el autobús, los pasajeros se ven obligados a invadir la vía ciclista tanto para subir como para bajar del vehículo.
Esta configuración obliga a ancianos, personas con movilidad reducida y familias con carritos a sortear el flujo constante de bicicletas y patinetes eléctricos, que a menudo circulan a velocidades considerables. La falta de una plataforma de separación física suficiente convierte el simple gesto de esperar el bus en un ejercicio de riesgo, donde el peatón debe vigilar no ser arrollado por un vehículo de movilidad personal mientras intenta acceder al transporte público.
Inversión y origen del proyecto
Este proyecto tiene su origen en los Presupuestos Participativos DecidimVLC del año 2017. Tras años de tramitación, las obras fueron adjudicadas a la empresa Pavasal Empresa Constructora SAU por un importe total de 657.420,50 euros.
La financiación de la obra ha contado con un fuerte respaldo institucional, recibiendo una subvención del 90% del presupuesto base (sin IVA) a través de los fondos europeos Next Generation y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España.
A pesar de la importante inversión económica y del avance que supone para la red de transporte no motorizado, la sensación entre los vecinos que dependen del autobús es de agravio. Mientras la ciudad celebra la conectividad de sus barrios a través de la bicicleta, los usuarios del bus lamentan que su seguridad haya quedado en un segundo plano en el diseño de la Valéncia del futuro.


















