REDACCIÓN | VALÉNCIA
La tensión política en Valéncia ha alcanzado un nuevo máximo histórico tras los sucesos acontecidos en la última sesión de la Junta de Distrito de Abastos. Lo que debía ser una reunión ordinaria para abordar las necesidades de los barrios se convirtió en un escenario de sillas vacías, reproches institucionales y una sonora protesta ciudadana a las puertas del consistorio. El protagonista ausente, José Marí Olano, concejal del Partido Popular, ha quedado en el ojo del huracán tras no personarse en la sesión que él mismo, en calidad de presidente del órgano, había convocado meses atrás.
El calendario no era baladí. La sesión de ayer coincidía con la presentación de una moción por parte de Compromís per Valéncia que exigía la destitución inmediata de Olano. La formación política reclama que el edil sea apartado de la presidencia de la Junta y de cualquier responsabilidad relacionada con la interlocución vecinal. Sin embargo, en el momento de iniciar el orden del día, la presidencia permanecía desierta, un gesto que ha sido interpretado por las entidades sociales y la oposición como «el último clavo en el ataúd» de la participación ciudadana en este mandato.
Una «excusa» bajo sospecha
Desde el grupo municipal del Partido Popular se justificó la ausencia de Olano alegando un viaje urgente a Madrid para mantener una reunión de trabajo. No obstante, la polémica estalló cuando el equipo de Compromís realizó las comprobaciones pertinentes en los registros de transparencia. Según la concejala Lluïsa Notario, el encuentro alegado por el edil no figura en la agenda pública del cargo estatal con el que supuestamente debía reunirse.
«Es una falta de respeto absoluta hacia la ciudadanía organizada de Valéncia«, denunció Notario a los medios de comunicación. «No solo es que no escuche las reivindicaciones de los barrios, es que ni siquiera tiene la decencia de comparecer en el espacio institucional diseñado para el diálogo. Si un cargo público no puede acreditar dónde está ni con quién se reúne mientras deja plantados a sus vecinos, estamos ante un problema gravísimo de credibilidad institucional».
El vecindario, en pie de guerra
Mientras en el interior del edificio el vacío de poder era evidente, en el exterior el ambiente era gélido pero combativo. Representantes de diversas asociaciones de vecinos de la zona de Abastos se concentraron para exigir la dimisión de Olano. El malestar no es nuevo; se viene fraguando desde que el concejal cuestionara públicamente la legitimidad del movimiento vecinal, llegando a afirmar que las asociaciones no representan fielmente el sentir de los barrios y que su peso en la toma de decisiones debería ser limitado.
Estas declaraciones han sido calificadas por los líderes vecinales como un ataque directo a los cimientos de la democracia local en Valéncia. «Llevamos décadas trabajando de forma altruista por nuestras calles. Que un concejal nos desprecie de esta manera y luego se esconda para no darnos la cara en la Junta es humillante», comentaba uno de los portavoces presentes en la protesta.
Un mandato cercado por la polémica
La situación de José Marí Olano es cada vez más precaria dentro del organigrama de la alcaldesa María José Catalá. A la crisis de la Junta de Abastos se suman otras sombras que planean sobre su gestión. El concejal está señalado por unos audios en los que, presuntamente, se detallan maniobras para colocar a personas afines en puestos clave del antiguo Consorcio Valéncia 2007, una entidad en proceso de liquidación pero con una carga política y económica muy sensible para la ciudad.
Para la oposición, el comportamiento de Olano responde a una estrategia deliberada de «vaciar de contenido» los órganos de descentralización. Al ausentarse de las reuniones y deslegitimar a los interlocutores, la participación ciudadana queda reducida a un trámite administrativo sin capacidad real de influencia en las políticas municipales de Valéncia.
El silencio de la alcaldesa
Todas las miradas se dirigen ahora hacia el despacho de Alcaldía. Hasta el momento, el equipo de gobierno ha mantenido un perfil bajo, intentando minimizar el impacto de la ausencia de Olano. Sin embargo, la presión de las entidades vecinales de Valéncia podría obligar a Catalá a tomar medidas drásticas para evitar que el incendio de Abastos se propague a otros distritos de la ciudad.
La silla vacía en Abastos queda como el símbolo de una fractura que parece difícil de reparar antes de que termine la legislatura. Los vecinos lo tienen claro: «En Valéncia no queremos representantes que nos teman o nos desprecien; queremos a alguien que se siente a la mesa».
Esta actitud del Concejal de Grandes Proyectos, cuya haber en el Consistorio Municipal es la opacidad y la polémica hasta el momento, pone en una difícil situación a la alcaldesa que lo fichó, una apuesta personal de Catalá que de momento le ha salido «rana».
















