El proyecto erradica la plaga de caña común en una superficie de 104.450 metros cuadrados para devolver el cauce a su estado autóctono. Las actuaciones en Simat, Benifairó y Tavernes logran el retorno de especies vulnerables como la raboseta y optimizan los recursos hídricos de la cuenca.
VALENCIA.— El río Vaca ha iniciado un profundo proceso de transformación ecológica encaminado a recuperar su fisonomía y biodiversidad originales tras décadas de degradación sistemática. La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), Organismo Autónomo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, lidera un ambicioso plan de restauración fluvial que, en sus fases iniciales, ya abarca cuatro kilómetros de cauce y ha supuesto una inversión que supera los 1,1 millones de euros. Los trabajos pretenden revertir el impacto ecológico provocado por la colonización masiva del Arundo donax, la caña común invasora, devolviendo al ecosistema su función esencial como corredor biológico fundamental para la comarca.
La intervención se concentra actualmente en los términos municipales valencianos de Simat de la Valldigna, Benifairó de la Valldigna y Tavernes de la Valldigna. En total, el proyecto abarca una superficie de 104.450 metros cuadrados de dominio público hidráulico, donde los antiguos muros vegetales de caña, impenetrables a la vista y asfixiantes para el entorno, están dando paso de forma paulatina a espacios abiertos, saneados y aptos para el desarrollo de la fauna y flora autóctonas de la ribera mediterránea.
Desde la dirección del organismo de cuenca se subraya que estos primeros cuatro kilómetros representan únicamente el punto de partida de un plan estructural a largo plazo. La CHJ ya trabaja activamente con el horizonte puesto en la ampliación de las tareas a lo largo de otros 10 kilómetros adicionales, con el objetivo estratégico de prolongar las labores de limpieza y naturalización hasta las inmediaciones de la desembocadura del río. Para la consecución de este hito, las autoridades han calificado como «imprescindible» la coordinación técnica y la voluntad política demostrada por los ayuntamientos de las localidades implicadas.
Impacto sobre la cadena trófica y el ahorro hídrico
La proliferación descontrolada de la caña común constituye una de las principales amenazas ambientales en la Demarcación Hidrográfica del Júcar. Este elemento exótico invasor no solo desplaza físicamente a los árboles y arbustos endémicos, sino que altera de forma drástica los ciclos biológicos y la disponibilidad de los recursos naturales del entorno.
El director de los trabajos de restauración de la CHJ, Emilio Real, detalla la gravedad de la situación previa: “La presencia masiva de cañas provocaba una pérdida casi total de biodiversidad en toda la cadena trófica del río. Ahora, de manera progresiva, estamos logrando la recuperación del ecosistema original gracias a su eliminación controlada y a la posterior plantación de especies de ribera”.
Además del indiscutible beneficio ambiental en términos de flora y fauna, el proyecto aporta externalidades positivas cruciales de cara a la gestión de riesgos y la eficiencia de los recursos hídricos. Según explican los técnicos responsables, la retirada de la densa masa vegetal mejora significativamente la capacidad hidráulica del cauce, un factor determinante para mitigar los efectos de eventuales avenidas o riadas durante los episodios de intensas precipitaciones otoñales. Paralelamente, la sustitución de la caña común genera un notable ahorro de agua líquida en el subsuelo. Los estudios de la CHJ apuntan que el Arundo donax presenta tasas de evapotranspiración extremadamente elevadas, llegando a consumir hasta cinco veces más recursos hídricos que la vegetación de ribera autóctona.
Un riguroso proceso técnico de erradicación por fases
La erradicación definitiva de la caña común representa un desafío técnico complejo debido a la gran resistencia y capacidad de regeneración de su sistema de raíces. El método implementado por la Confederación se ejecuta mediante un protocolo de fases estrictas cuyos efectos visuales resultan ya inconfundibles a lo largo del transcurso del cauce.
En primer lugar, los operarios proceden al desbroce y triturado completo de la parte aérea de la planta. Posteriormente, en las áreas inmediatamente adyacentes al cauce de aguas bajas —aquellas zonas más vulnerables y expuestas a las dinámicas de crecidas operacionales—, se realiza una extracción mecánica del rizoma subterráneo, alcanzando profundidades de entre 40 y 50 centímetros. Este material vegetal es trasladado a parcelas más elevadas y alejadas de la corriente para evitar su dispersión hidráulica.
El control preventivo de rebrotes se efectúa mediante la colocación de coberturas opacas de alta resistencia, fijadas al sustrato mediante piquetas de acero. Estas lonas negras impiden por completo el paso de la luz solar, de modo que el calor estival acumulado agota de forma progresiva las reservas energéticas del tallo subterráneo. Los técnicos estiman necesario mantener las mallas geotextiles extendidas durante un período mínimo de 18 meses, asegurando que transcurran al menos dos veranos completos para garantizar la mortandad total de la estructura de la raíz. Una vez completado con éxito este ciclo de solarización y asfixia, las lonas se retiran para ser entregadas a un gestor de residuos autorizado encargado de su revalorización, dando paso inmediato a las fases de reforestación activa con árboles y arbustos nativos.
Resultados biológicos: el regreso de la fauna amenazada
La efectividad del proyecto no solo se mide en metros cuadrados limpios, sino en la respuesta inmediata de la naturaleza. En paralelo a la intervención institucional, la organización ecologista local Associació Ecologista Valldigna Verda ha llevado a cabo muestreos y análisis científicos en la cabecera del río Vaca con el fin de auditar la evolución biológica del espacio recuperado.
Los datos obtenidos confirman un balance extraordinariamente optimista. El estudio biológico constata una densa y saludable colonización de peces autóctonos como el barbo y la madrilla, al tiempo que las poblaciones de especies exóticas competidoras se mantienen en umbrales mínimos y bajo control. Sin embargo, el hito científico más célebre de los muestreos ha sido la localización y registro sistemático de múltiples ejemplares de raboseta (Cobitis palúdica).
La raboseta es un pequeño pez endémico catalogado formalmente bajo la condición de especie vulnerable. Su supervivencia se encuentra estrechamente ligada a la presencia de aguas limpias, bien oxigenadas y con sustratos libres de lodos asfixiantes. Los científicos comunitarios coinciden en señalar que el retorno consolidado de este icónico vertebrado representa el indicador biológico más robusto del éxito del proyecto, ratificando de manera inequívoca el avance hacia el «buen estado ecológico» exigido por las rigurosas directivas europeas de aguas.

















