El II Concurso Nacional de Calderos de Arroz confirma que la tradición valenciana no solo resiste: evoluciona con pulso firme frente al Mediterráneo
Hay días en los que el arroz deja de ser un plato para convertirse en paisaje. Ocurre cuando el fuego, el tiempo y el producto se alinean en un mismo gesto. Ocurre cuando el Mediterráneo está cerca. Y ocurrió, con toda su intensidad, en la Dársena Sur de La Marina de Valéncia.
Allí, suspendido casi sobre la bocana que abre la ciudad al mar, el restaurante Albacora —con Alejandro del Toro como anfitrión— acogió la segunda edición del Concurso Nacional de Calderos de Arroz. Una cita que todavía es joven en calendario, pero que ya respira con la seguridad de quien sabe que ha llegado para quedarse.
Desde primera hora, el aire se volvió denso de promesas: sofritos que comenzaban a sudar lentamente, caldos en construcción, cucharas probando silencios. No había prisa. Nunca la hay cuando se cocina arroz en serio.
El punto exacto donde todo encaja
En ese contexto de alta exigencia, donde cada detalle suma o resto, Casa Navarro de Almenara encontró algo más difícil que la originalidad: el equilibrio .
Su propuesta, la que terminó imponiéndose al resto, no buscó deslumbrar desde el artificio, sino desde la precisión. Un arroz donde el grano hablaba con claridad, sostenido por un fondo trabajado con inteligencia, y donde la clóchina valenciana —protagonista obligada— no era adorno, sino argumento.
No siempre gana el plato más vistoso. Gana el que no tiene fisuras.
El jurado lo entendió así, otorgando el primer premio a una elaboración que se movía con naturalidad entre la técnica y la intuición. Sequial 20 de Sueca y el Asador Alfábega de Alginet completan un podio que refleja el excelente momento que vive la cocina arrocera valenciana.
La clóchina como relato









































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Si hubo un hilo conductor en la jornada, fue la clóchina valenciana , en el arranque de su temporada. Pequeña, intensa, profundamente ligada al territorio, su presencia obligó a los cocineros a dialogar con el producto desde el respeto.
No se trataba solo de incorporarla, sino de entenderla.
La presencia de José Luis Peiró , presidente de la Agrupación de Clochineros del Puerto de València, reforzaba esa idea: aquí no se cocinaba únicamente para competir, sino para poner en valor un ecosistema gastronómico.
Y eso se anotó en los platos.
Hubo arroces que miraban al mar desde la profundidad de sus fondos, otros que cruzaban con la huerta en composiciones más ligeras, algunos que exploraban caminos contemporáneos con texturas y contrastes, y también aquellos que apostaban por la ortodoxia bien ejecutada.
Pero todos, en mayor o menor medida, orbitaban alrededor de una misma pregunta:
¿hasta dónde puede evolucionar el arroz sin dejar de ser arroz?
Entre la técnica y la emoción
A lo largo de la jornada, se hizo evidente una tensión fértil entre dos maneras de entender la cocina:
- La que busca emocionar desde la memoria, desde el sabor reconocible.
- Y la que intenta ampliar el lenguaje con nuevas herramientas.
Se vieron platos de gran potencia gustativa, con fondos concentrados y perfiles umami marcados. Otros apostaban por la elegancia, por la limpieza, por dejar espacio al producto. Algunos jugaban con elementos contemporáneos —aires, texturas, presentaciones más elaboradas— mientras otros defendían la belleza de lo esencial.
Pero en todos los casos, el juicio final pasaba por el mismo lugar:
el punto del arroz .
Ahí no hay discurso que valga. Solo técnica.
El verdadero pulso: fuera del jurado
Sin embargo, como ocurre en las grandes citas gastronómicas, lo más interesante no siempre sucede en la mesa de cata.
Sucede alrededor.
En las conversaciones entre cocineros que comparan fondos como quien comparte secretos. En los productores que explican el origen de cada ingrediente. En los periodistas que intentan atrapar con palabras lo que solo se entiende con una cuchara.
Alejandro del Toro lo sabe bien. Por eso, más allá del concurso, se convirtió Albacora en un espacio abierto, donde las degustaciones prolongaban la experiencia y diluían las fronteras entre participantes y público.
Había complicidad. Y eso no se puede impostar.
Un jurado con memoria gastronómica
El veredicto estuvo en manos de un jurado que entiende el arroz no como tendencia, sino como patrimonio.
Bernd Knöller , Raúl Magraner , Paco Gimeno , Eduardo Frechina y Rafa Brández aportaron una mirada que iba más allá del gusto inmediato. Evaluaron técnica, producto, creatividad… pero también coherencia.
Porque un arroz puede ser brillante en ejecución y, sin embargo, perder sentido si no tiene un discurso claro.
Y ese nivel de lectura fue el que terminó decantando la balanza.
Donde el arroz sigue vivo
El II Concurso Nacional de Calderos de Arroz no es solo una competición. Es un termómetro.
Un lugar donde se mide el estado de salud de una tradición que, lejos de agotarse, sigue expandiéndose. Impulsado por instituciones como la Diputación de València y respaldado por marcas como Arroz Dacsa, el certamen apunta hacia algo más ambicioso: consolidar el arroz como eje cultural, no solo gastronómico.
Porque aquí no solo se cocina.
Se construye identidad.
Se genera comunidad.
Se proyecta futuro.
El eco del Mediterráneo
Al final del día, cuando el bullicio se apaga y los calderos reposan, queda una sensación difícil de describir pero fácil de reconocer: la de haber ayudado a algo auténtico.
El arroz, una vez más, ha sido excusa y protagonista.
El mar, testigo constante.
Y la cocina, ese lenguaje que no necesita traducción.
Mientras la luz caía sobre La Marina, quedaba claro que el arroz valenciano no pertenece al pasado.
Pertenece a quienes lo siguen cocinando.
Y, sobre todo, a quienes todavía saben escucharlo














Lectura de algunos platos (por lo que se ve en imágenes)
1. “Cumbres de Anaga” (conejo, cabra, calabaza, papa negra…)
- 🔥 Muy conceptual (territorio canario + arroz valenciano).
- Riesgo alto → mezcla de carnes + dulces (calabaza/miel).
- Visual potente con el tubérculo central.
- 👉 probablemente muy sabroso, pero menos “valenciano puro” → penaliza algo en concursos así.
2. Arroz meloso con clóchina, sepia, alcachofa (línea clásica)
- 🟢 Este es perfil ganador:
- Producto local claro
- Técnica reconocible
- Sin artificios excesivos
- 👉 Si estaba bien de punto, top 3 seguro.
3. “Raíz y marea” (pulpo, gamba, calamar + verduras)
- 🎨 Muy gastronómico:
- Aire verde, teja roja → alta cocina
- Mar y huerta bien planteado
- ⚠️ Riesgo: demasiados elementos pueden “ensuciar” la lectura del arroz.
- 👉 Plato de restaurante estrella, no siempre el que gana concursos.
4. Arroz con anguila en escabeche ahumado
- 💡 Muy inteligente:
- Producto valenciano (anguila)
- Técnica moderna (escabeche + humo)
- 👉 Si el ahumado estaba medido → plato muy competitivo.
5. Caldero de mar y campo (rabo, sepia, tuétano…)
- 💣 Sabor brutal seguro.
- Muy “umami”, muy intenso.
- ⚠️ Riesgo: exceso de grasa/potencia → puede saturar al jurado.
- 👉 Perfil de plato que enamora o divide.
6. “Quinto sabor” (galera, gamba roja…)
- 🔬 Claramente enfocado al umami.
- Producto top + técnica → muy serio.
- 👉 Este tipo de propuesta suele puntuar alto.
7. Arroz de pulpo, carxofes y all i bunyol
- 🌿Muy valenciano contemporáneo.
- Buena lectura de territorio + técnica moderna.
- 👉Equilibrado, probablemente bien valorado.
8. Plato vegetal con guisantes lágrima y coliflor
- 🥬 Muy interesante:
- Valiente (menos proteína animal)
- Técnica moderna
- ⚠️ En concursos de arroz tradicional suele quedar por detrás.
- 👉 Pero conceptualmente muy bueno.
















