Llíria, 13 de abril de 2026
El sol de abril ha vuelto a iluminar hoy las calles de Llíria en una de las jornadas más simbólicas de su calendario festivo. La Rogativa de San Vicente, el evento central de las fiestas vicentinas, ha congregado a una multitud que desborda las previsiones, reafirmando que la devoción por el «Pare Vincent» no solo se mantiene intacta, sino que crece con el paso de las generaciones.
Desde primeras horas de la mañana, el ambiente en la Plaza Mayor ya presagiaba una jornada histórica. A las puertas de la Iglesia Arciprestal de la Asunción, el murmullo de los fieles se mezclaba con el olor a cera y el sonido de las campanas. Tras la salida de la imagen del co-patrón, una marea humana inició el recorrido hacia el Parc de Sant Vicent, un paraje natural que hoy se ha convertido en el epicentro espiritual de la comarca.
Un camino de tradición y autoridades
La comitiva ha contado con una destacada representación institucional y civil. Acompañando a la imagen de San Vicente Ferrer se encontraban el alcalde de la ciudad, Paco Gorrea, y la concejala de Fiestas, Mª José Llopis, junto al resto de los miembros de la Corporación Municipal. No han faltado tampoco los integrantes de la Clavaría y Majoralia, así como los representantes de la Cofradía de San Vicente Ferrer, encargados de velar por el protocolo y el decoro de una marcha que combina la fe con el sentimiento de identidad edetana.
El trayecto de tres kilómetros hasta la ermita se ha desarrollado en un ambiente festivo y de respeto. Familias enteras, desde ancianos que recordaban rogativas de su infancia hasta jóvenes que cargaban a sus hijos en hombros, han recorrido el camino que une el casco urbano con el manantial sagrado.
El Milacre de l’Aigua que brotó en 1410
Al llegar al Parc de Sant Vicent, el cansancio del camino se ha visto compensado por el tradicional desayuno popular bajo los árboles del paraje. Tras el breve descanso, la actividad se ha trasladado al interior de la ermita, donde se ha celebrado una solemne misa concelebrada. Como es tradición, el sermón se ha pronunciado íntegramente en valenciano, rindiendo homenaje a la lengua en la que el santo dominico predicaba sus célebres discursos en el siglo XV.
El momento de mayor carga simbólica ha tenido lugar junto al histórico olivo donde, según cuenta la tradición, San Vicente Ferrer predicó en 1410. En un momento de sequía extrema, el santo hizo brotar el agua de la fuente que estaba seca, el conocido como «Milacre de l’Aigua». En conmemoración, se ha procedido a la bendición de las aguas en acción de gracias, un ritual que sigue emocionando a los presentes y que recuerda la profunda conexión de este pueblo con sus recursos naturales.
El emotivo encuentro en el Pla de l’Arc
El regreso hacia el centro de Llíria no ha sido menos intenso. Al llegar al barrio del Pla de l’Arc, se ha producido uno de los instantes más esperados por los vecinos: el encuentro entre las imágenes de los dos patronos de la ciudad, San Miguel y Sant Vicent. Este «saludo» entre las dos figuras sagradas representa la unión de la ciudad y es, para muchos, el momento más sensible de la jornada, marcado por los vítores y los aplausos de los asistentes.
Este año, la emoción ha sido especialmente visible tras unos años de recuperación total de las tradiciones tras las restricciones de tiempos pasados. «Ver a los dos patrones juntos en el Pla de l’Arc es lo que realmente nos hace sentir que estamos en fiestas«, comentaba una vecina veterana al paso de las imágenes.
Cultura, música y futuro
Tras la vertiente religiosa, la jornada ha girado hacia la celebración lúdica. El estacionamiento del Pla de l’Arc se ha transformado en una pista de baile con la actuación de la orquesta de la Banda de Tokio, que ha puesto el broche de oro musical a una mañana de gran intensidad emocional.
Sin embargo, las Fiestas de Sant Vicent Ferrer 2026 en Llíria no terminan aquí. La programación se extenderá hasta el próximo domingo con una agenda repleta de actos culturales, competiciones deportivas y eventos religiosos. La capital de la música vuelve a demostrar que sabe honrar su pasado mientras mira al futuro, manteniendo vivas unas tradiciones que, como el agua de su fuente, siguen fluyendo con fuerza.
Llíria duerme hoy satisfecha, con la certeza de haber cumplido un año más con el legado de 1410 y con la mirada puesta en el próximo domingo de clausura.

















