Hace unos días escuchamos unos zapateados musicales en un rincón cubierto del viejo cauce y nos acercamos con curiosidad. Era como un concierto de flamenco al aire libre pero al descubrirlo de más cerca nos estalló en la cara la magia del malambo.
La wikipedia afirma que el malambo es una danza “que se atribuye a los pueblos originarios de la región pampeana”. Lamento discrepar con esta afirmación tan simple. Los indígenas no tenían botas de potro para marcar estos bailes. Sin entrar en su completa originalidad y arte propio el malambo nos suena tan familiar que solo podemos vislumbrarlo como un nieto folclórico del flamenco hispano, con toda su originalidad y diferencia, pero al mismo tiempo con un vinculo de sangre que nos hipnotiza.
Matías Alarcón y Nazareno Saavedra, puros argentinos de Santiago del Estero, la patria de la sugerente chacarera, presentan esta semana en Valencia su espectáculo folclórico en la sala Astor de la calle Gorgos, el sábado 30 de mayo a las 9 de la noche. Estaban en la calle sencillamente ensayando, y si el ensayo era tan fulgurante, el espectáculo en si debe ser explosivo.
Igual que nosotros tenemos en Valencia la lengua valenciana, en aquella zona argentina se conservan unas lenguas propias llenas de dignidad y belleza. Pero ello no debe obstar a valorar el poder del idioma común y amplio que nos ayuda a entendernos.
Hay un amor tan profundo en estos dos jóvenes a sus danzas ancestrales que tiemblan los corazones de quienes las contemplan. Ojalá que se queden aquí mucho tiempo y, al mismo tiempo que pregonan sus creaciones pampeanas, conozcan y disfruten los palos flamencos que tanto les van a atraer como grandes artistas que son.
El hombre de campo, trabajador y honrado, es la base de la comunidad hispana. El potente gaucho argentino o el poderoso vaquero tejano y mexicano son versiones autóctonas de los ganaderos de Salamanca y Extremadura. Los atuendos son completamente diferentes, pero al revisarlos con pulcritud se encuentran muchas cosas en común.
Matías ha estado en China y en Egipto. Allí no va a encontrar nada parecido a lo que él ama. Ojalá profundice en lo que se está haciendo aquí ahora porque eso le inspirará nuevas formas.
Nazareno es el heredero de una dinastía cultural. Su padre fue el primer gaucho del Circo del Sol. Desprende un entusiasmo magnífico.
Realmente es una suerte que se hayan encontrado y que trabajen juntos, porque irradian una creatividad frenética.
Esta capacidad de innovación nos trae una novedad continua. He revisado videos viejos de otros malambos y ellos consiguen encender una chispa especial. Aunque sean herederos de una tradición antiquísima con sus singulares personalidades están creando un estilo genial que está ayudando a la evolución del malambo.
Las verdaderas tradiciones son las que tienen la capacidad de evolucionar y superarse. Matías y Nazareno trabajan con un herencia que creen única de la región que les vio nacer; pero también hay una parte hispana que es enriquecedora. Y al final están sus propias personalidades. Ellos bailan como no baila ningún otro. El malambo es un arte muy antiguo en Argentina; pero el folclore de Matías y Nazareno es algo muy moderno que, sin renunciar a lo antiguo, potencia ese legado. Matías y Nazareno son, sin duda, el malambo del futuro.
















