VALENCIA. | La disputa por el patrimonio histórico, artístico y documental de la antigua Corona de Aragón sigue siendo una de las heridas más profundas y complejas de la historia cultural española. En su obra de 2013, titulada ‘Los hijos de la Gran Cataluña en el Archivo de la Corona de Aragón y el Panteón Real de Sijena’, el reputado historiador, profesor e investigador alicantino Ricart Garcia Moya (Alicante, 1942) arroja luz sobre lo que califica abiertamente como un «saqueo» sistemático perpetrado en el año 1936, cuyas consecuencias, según el autor, se exhiben hoy «sin pudor» en las salas del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) en Barcelona.
Garcia Moya, quien ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional a investigar las relaciones de la identidad valenciana con las regiones vecinas de Castilla y Cataluña, aborda en el capítulo 14 de su libro uno de los episodios más controvertidos del siglo XX: el traslado de las pinturas murales del Real Monasterio de Santa María de Sijena (Huesca) y de diversos documentos valencianos del Archivo de la Corona de Aragón (ACA).
Un botín de guerra bajo el pretexto de la protección
El debate central gira en torno a la narrativa oficial que justifica la permanencia de estos bienes en Cataluña. Mientras que fuentes enciclopédicas y oficiales sostienen que las valiosas pinturas de la sala capitular de Sijena fueron extraídas en 1936 para su salvaguarda y protección tras el incendio del monasterio durante los inicios de la Guerra Civil, Garcia Moya desmonta con dureza esta versión. Para el investigador valenciano, calificar el acto de «protección» es un ejercicio de cinismo histórico.
El autor califica las obras expuestas en el MNAC como un «valioso botín de guerra», ironizando sobre el supuesto enfrentamiento bélico que dio pie a su incautación: una «feroz batalla contra las belicosas monjas de la Orden de Malta«, quienes en realidad se vieron obligadas a huir ante la llegada de las milicias. Según las investigaciones plasmadas en el libro, el verdadero peligro para el conjunto histórico de Sijena no procedía del entorno aragonés, el cual había respetado el panteón real de forma secular, sino de las incursiones que asolaron el lugar, quemando el monasterio y arrancando los murales restantes para su posterior traslado a Barcelona.
El agravio comparativo y la exigencia de reciprocidad
El análisis de Garcia Moya trasciende el plano puramente artístico y se adentra en el terreno de la balanza política contemporánea. El texto establece un paralelismo directo con la reclamación de los llamados «Papeles de Salamanca». El historiador argumenta que los mismos sectores políticos y sociales catalanes que exigieron —y lograron— la devolución de la documentación de la Guerra Civil depositada en los archivos salmantinos, se niegan en redondo a aplicar el mismo principio de restitución con los bienes de Aragón y Valencia. «¿Será recíproco este gesto? ¿Devolverán lo robado a Aragón y Valencia? Jamás«, asevera con contundencia en su escrito.
La obra de Ricart Garcia Moya, difundida a lo largo de los años mediante sus habituales colaboraciones en cabeceras de prestigio como Las Provincias, ABC, Heraldo de Aragón o Diario de Valencia, continúa siendo un pilar fundamental para las tesis que defienden el retorno del patrimonio a sus legítimos lugares de origen. Su labor de archivo busca poner de manifiesto que la gestión del patrimonio común de la Corona de Aragón sigue estando fuertemente centralizada en instituciones catalanas, un hecho que, a ojos de este investigador alicantino, constituye un agravio histórico que las instituciones valencianas y aragonesas no deberían pasar por alto.
















